jueves, 5 de octubre de 2017

Monte Pindo, el monte Olimpo de los Celtas


      El monte Pindo es una impresionante mole granítica que se alza desde el mar hasta los 620m de altura de su redondeada cumbre, el pico Moa (muela). Salvando las distancias y para los del centro de la piel de toro, es como si se hubiese cogido el enorme stock granítico de la Pedriza y se hubiera colocado, en a costa da Morte frente a la península de Finisterre, en la costa atlántica gallega.

Fisterra contemplada por una extraña peña caballera desde el monte Pindo

      Estamos ante una montaña mágica y mítica, tesoros escondidos, reinas legendarias, monstruos y sierpes, rituales curativos, guerreros petrificados, cuevas de hadas y otras leyendas junto con otras señales más tangibles, como ruinas, inscripciones en la roca y petroglifos, hacen que se le conozca como el Olimpo Celta de Galicia. Solamente andando por sus laberínticos callejones y “penedos” se puede sentir esa magia, esa conexión con lo remoto y lo arcano de estas tierras del fin del mundo. La naturaleza, los paisajes y la originalidad plástica de las rocas, un constante y espontáneo museo de caprichosas esculturas, no hacen sino ahondar en esa magia.


      Posteriormente he leído sobre sus ruinas, sus antiguos habitantes y sus leyendas y esto no ha hecho sino atizar aún más mi imaginación. En el siglo X se construyó el castillo de San Xurxo, para proteger a los habitantes de las poblaciones costeras de las repetidas incursiones de vikingos y todo tipo de piratas que les hacían abandonar sus pueblos a la carrera para enrocarse en las alturas. También hubo otro castelo sobre el aéreo pico Penafiel que domina, como un púlpito, la desembocadura del río Xallas, bajo sus peñas, tallada en la roca existe una antigua inscripción excomulgando a la montaña, al parecer, con la intención de acabar con la larga tradición de cultos paganos.

Rocas y muralla arruinada en lo que fue el castelo de San Xurxo

      Pero no hace falta tanta fantasía, sí que existe la cova da Casa de Xoana bajo uno de sus picos y a la “leyenda” del castillo de la reina Lupa, le ha venido a apoyar el hallazgo de una sucesión de ruinas de grandes muros en sus altas laderas que hacían de la práctica totalidad del área culminante, un recinto amurallado. Al ver las imágenes en alguna página web, he comprobado  que aquí pudo llegar a existir una, digamos que acrópolis pre-romana de grandes dimensiones.

Petroglifo en la vecindad del Pindo

      El monte Pindo nos enseña un completo y complejo muestrario de geomorfología granítica. El granito es una roca endógena, formada en el interior de la tierra; las fuerzas que erosionaron y movilizaron los materiales que tenía encima, lo han puesto al descubierto como lo vemos hoy en día. Esas fuerzas y procesos de denudación y transporte, por supuesto, siguen vigentes en la actualidad.




      El granito a una escala mínima se meteoriza y se areniza, y a gran escala se exfolia en grandes capas rocosas a modo de capas de cebolla, es el llamado diaclasado de exfoliación que a su vez se fracciona por otra red vertical de fracturas. Por ello es fácil ver retales de grandes bloques (desmantelándose), descansando sobre grandes losas de roca continua de la roca inferior (apenas comenzando a alterarse), y superpuestos encima de esos retales, otros bloques menores, las piedras caballeras, pertenecientes a la capa superior más externa (casi totalmente desmantelada).

Caos de bloques acumulados en una vaguada, con robles entre ellos

      Dada la gran cantidad e intensidad de lluvias que riegan estos montes que además hacen de pantalla orográfica frente a los vientos atlánticos, forzándoles a descargarse aún más de esas aguas, la evacuación de los materiales sueltos es continua y la acción torrencial de los arroyos instalados en estas inclinadas laderas, potente y capaz de trasladar bloques de gran tamaño.

La densa red de fracturas verticales y la roma cumbre del Moa en su centro

       La arenización del granito, la movilización de bloques y la rápida explotación del sistema de fracturas, contribuye a ir desalojando capa a capa esta roca aparentemente indestructible, dejando a la vista grandes lajas ligeramente convexas, los “dorsos de ballena”, agudas figuras dómicas, los “yelmos” o  casi los horizontales lanchares.

Roca mostrando nervaciones y abajo su opuesto, las acanaladuras


      Mucho de las formas que vemos ahora se gestó a grandes profundidades, las fisuras rellenadas por minerales más resistentes a la erosión que el granito que lo contiene dibujan “nervaciones” o también su forma inversa en las “acanaladuras”. Otra figura muy común aquí son los “tafonis” redondeadas concavidades en extrañas orientaciones, laterales o boca abajo comúnmente, aún de no muy claro origen, bien formados por alteración edáfica o bien por deformaciones compresivo-distensivas a grandes profundidades.

Monstruo pensativo, las numerosas oquedades que se ven son mayormente tafonis

      Si el granito es fácil de alterar bajo tierra, no lo es menos en la superficie. Muchas grandes lajas muestran "pilancones". El agua se acidifica en la atmósfera o con la vegetación y altera fácilmente arenizándolo Así ocurre en puntos que acumulan el agua de lluvia y que van profundizándose lentamente. Aquí las llaman pías y son reseñables las que se crean en el seno de la roma cumbre del pico Moa. En ellas, según la leyenda, tenían lugar ceremonias de purificación y fertilidad, con baños de agua sucesivos en los pilancones de esta cima. En el seno de las gargantas los golpes de los bloques transportados en las grandes avenidas sobre la roca forman las “marmitas de gigante” que en el final del río Xallas se muestran espectaculares.

Pilancones en la cima del Moa. Supuesto lugar de cultos de sanación y fertilidad

      Estamos en un clima claramente oceánico con muy poca oscilación térmica, ya entre el día y la noche o entre invierno y verano, es decir una zona ideal para el desarrollo de la vegetación. Pero estamos en Galicia, donde el fuego parece ser una de las más duraderas instituciones de esta comunidad, para desgracia de propios y ajenos. Periódicamente esta montaña, como casi todas las gallegas, ha sido arrasada parcialmente por la acción del fuego pero en 2013 ardió por sus cuatro costados, destruyendo totalmente el bosque.

Ver enlace a El País

      Después de ese terrible incendio, vinieron las lluvias que removieron todo lo erosionado en este fuego que ahora se encontraba sin la protección de la vegetación y las muertas raíces de los árboles que sostenían los suelos y todo se vino abajo. La ría de Corcubión pasó una mala época para la pesca y el marisqueo, y los arroyos profundizaron su lecho, como también ocurrió con muchos caminos que hicieron de improvisados arroyos, quedando prácticamente inservibles.

Entre troncos quemados, abajo destaca la aguda cumbre del Penafiel

      También como sucede en todo el noreste ibérico, Portugal incluido, el descuido forestal o la búsqueda de un rendimiento rápido y máximo del monte con un mínimo de trabajo, ha entregado el bosque a la sobreexplotación y su abandono o desidia de la población local, haciéndolo muy vulnerable a la acción del fuego y a su invasión por especies alóctonas, a veces, precisamente las elegidas para los cultivos forestales. Poco a poco, sin el menor de los cuidados o miramientos, esta montaña, rica y variada en especies poco comunes, está pasando a ser más común, monótona y con menos tesoros naturales que no sean las de su imponente roquedo y las maravillosas vistas.

Muy probablemente, los pinares de Pinus pinaster subsp. maritima aquí sean de origen autóctono

      Esta montaña estaba poblada en sus partes más pedregosas, inclinadas y soleadas, por un magnífico pinar de Pinus pinaster, en la que podría ser una de sus pocas poblaciones totalmente naturales y autóctonas, con vetustos ejemplares en los rincones más inaccesibles. Allí donde los suelos eran más profundos y estables, se enseñoreaba el roble carballo, Quercus robur y en rincones rocosos, siempre a salvo del fuego eran comunes los acebos, al igual que en las áreas bajas más húmedas, los laureles. Pero también se plantaron lamentables plantaciones de eucalipto y de Pinus radiata, hoy también arrasadas en su práctica totalidad.

Laderas totalmente arrasadas por el fuego

      Una curiosidad biogeográfica de esta montaña es la presencia en sus faldas de solana, del carballo enano como lo llaman por aquí, el Quercus lusitánica, una escasa quercínea que crece en algunas bajas cumbres del extremo suroeste ibérico y del Riff marroquí, por lo que estamos en una localidad claramente disyunta de su área de distribución. Lo encontré compitiendo con eucaliptos en un maltratado sotobosque lleno de broza.

El raro Quercus lusitanica a más de 500km de su vecino más próximo

      Me llama poderosamente la atención al caminar por sus alturas la presencia constante de plantas que estoy acostumbrado a ver en el Sistema Central por encima de los 1600m que aquí, por la generosidad térmica y pluviométrica del verano de la costa gallega, pueden crecer a sus anchas en estas cotas, para mí, inusualmente bajas; así me ocurre con las abundantes gencianas de turbera Gentiana pneumonanthe.

Gentiana pneumonanthe, bastante común para estas altitudes

      El matorral es variado, siendo dominante, dada la alteración de los suelos, el tojo que hace muy difícil andar por el monte fuera de caminos. Pero también hay todo tipo de brezos y escobas y llega a hacer vegetación sub-arbustiva, un endemismo característico de estos montes costeros gallegos, la Centaurea corcubionensis.


Mata de Centaurea corcubionensis, abajo el llamativo ajo Allium ericetorum

        Dentro de las rarezas botánicas y especies amenazadas, se encuentran especies tales como el cardo Eryngium duriaei subsp. juresianum un género de cardos que en la portuguesa Serra da Estrela tiene una diversidad asombrosa de especies como ésta. Están presentes aquí los raros y delicados helechos Dryopteris guanchica e Hymenophylum tunbringense y también hay otras especies poco comunes pero muy llamativas como la rara Arnica montana subsp. atlántica, Fritillaria pyrenaica, Hyacinthoides paivae, Ranunculus bupleiroides o Allium ericetorum.

En las cimas del Pindo abundan las turberas, con su vegetación característica

      Dramático es el caso de Iris boissierii el bello lirio de Xurés como lo llaman en Galicia, por ser de esta sierra en la raya de Portugal, la mejor de sus  escasísimas localidades. Este lirio, en peligro crítico de extinción, está casi extinguido en el monte Pindo, algo que habría que remediar con una cuidada reintroducción. Tampoco pude encontrar la rarìsima salamandra colilarga que una vez pude ver, allá en mi niñez.


Fotografía de Roi Carballal en biodiversidade.eu

       Después de ver cómo ha actuado la erosión post-incendio en los vallejos de la parte alta del macizo donde vegeta, creo que el motivo de su desaparición bien puede ser, si no la profundización y remoción de gran parte del lecho de los valles, sí la deposición, de grandes amontonamientos de pequeños y medianos cantos de un blanquísimo cuarzo, sacados de los suelos de las laderas superiores por la arroyada tras los incendios.


Vallejo con su centro denudado por la arroyada y con amontonamientos de cuarzo a los lados

      No se puede hablar del monte Pindo sin mencionar sus dos excepcionales extremos meridianos. Por el norte su caída sobre el río Xallas es espectacular, más aún desde lo alto del Penafiel que domina un profundo cañón fluvial que antes de su represamiento, tuvo que ser aún más espectacular. Este recorrido fluvial termina en una gran “fervenza” o cascada en la ensenada de la bahía de Ézaro, desembocando directamente al mar en marea alta, constituyendo una destacable excepcionalidad geográfica europea.


      En el extremo sur se encuentra la gigante y variada playa de Carnota, de 7km de recorrido, cortada por la desembocadura del Valdebois y con otras marismas internas atrapadas entre su cerrado cordón dunar y la peana de las laderas.

A Boca do Río, cortando la playa de Carnota, desde el aire

      Carnota está cada día más poblada, sus frías aguas no logran impedir la afluencia masiva de visitantes en agosto (como el que suscribe), pero incluso con ellos sigue siendo un lugar magnífico, con el horizonte del monte Pindo reflejado en sus aguas o como si de una montaña del desierto se tratase, de fondo tras sus grandes dunas y arenales.


      A partir del fuego de septiembre de 2013, el clamor popular pidiendo un mayor grado de protección para el monte Pindo bajo el paraguas de Parque Natural, se ha hecho aún mayor que antes. Pero la administración gallega alude que no hay dinero e incluso ha creado alguna ley que hace más difícil aún su promulgación.


       Este macizo no es muy grande, no tiene grandes intereses económicos por medio, ni forestales (difícil tratamiento y extracción de árboles) ni ganaderos (dada su pedregosidad y la escasez de buenas praderas) y una ingente cantidad de visitantes y excursionistas. Para colmo hace tiempo que, junto con la playa de Carnota, con sus arenales, estuarios y bosques, es Lugar de Importancia Comunitaria de la red Natura 2000. Luego no se entiende la cerrazón de las autoridades que parece que simplemente, no quieren dar su brazo a torcer ante esos “ecologistas” que lo andan pidiendo.


        Se hace necesario tomar medidas con esas raras especies en peligro y hacer una buena labor de repoblación adecuada a los diferentes nichos ecológicos y vegetacionales. También es una montaña en la que se hace casi imprescindible recuperar su ancestral red de senderos, hoy casi totalmente perdidos. Sea Parque Natural o no, es imprescindible cuidar con esmero esta joya del patrimonio gallego y de la humanidad.

Islas Lobeiras y cabo de Finisterre desde el castelo de San Xurxo

      Desde aquí agradecer la gran labor altruista y de voluntariado en defensa de la naturaleza y la cultura relacionada con esta montaña por la Asociación Cultural Monte Pindo Parque Natural:    http://www.montepindo.gal
también, aunque lamentable, la reseña del gran incendio de 2013:
https://elpais.com/ccaa/2013/09/11/galicia/1378902553_637545.html
Sobre la flora y vegetación de Galicia, imprescindible:
http://www.biodiversidade.eu

jueves, 31 de agosto de 2017

La Hoz de Valdoro



      La Hoz de Valdoro es una de las numerosas y poco conocidas hoces que cortan los cordales cuarcíticos de Sierra Morena en Ciudad Real. Esta espectacular sierra, está algo desacreditada por geógrafos y geólogos que la han venido tratando como un mero escalón entre la submeseta sur y el valle del Guadalquivir. Nada más lejos de la realidad, yo que tengo la suerte de conocer la mayoría de las montañas españolas, he de confesar que hoy en día es una de las más atractivas desde el punto de vista ecológico y que territorialmente, tiene una complejidad y unas dimensiones espaciales que ya quisieran para sí otras de mayor fama y altitud, como puedan ser Guadarrama, Gredos o los francamente parecidos, Montes de Toledo.

     
      Sierra Morena está formada por un sin fin de cordales cuarcíticos, casi todos con una dirección meridiana (este-oeste) y fue levantada por el empuje norte-sur de África sobre una red fluvial preexistente que fue “serrando” por sobreimposición fluvial esas cuarcitas que se alzaban, creando hoces en dirección norte-sur. Aparte de esto, la erosión remontante de los afluentes del Guadalquivir, muy superior a la producida por los afluentes del cercano Guadiana, fueron capturando valles, tránsfugas de la anterior cuenca de ese río mesetario que con un nivel de base muy superior, apenas tiene capacidad erosiva.

Paquetes de durísima cuarcita cortados en más de 600m de desnivel por el río Montoro
     
      Toda esta gran región quizás sea la mejor conservada de la península y la menos intervenida por el hombre, al ser un gran desierto demográfico y no contar con grandes ciudades, ni áreas industriales, ni infraestructuras, a no ser por la moderna línea del AVE entre Puertollano y Córdoba. Esta región aúna el norte de Andalucía con el sur de Badajoz y Ciudad Real y por su tamaño y lo intrincado de sus montes, no es de extrañar que aquí se hayan dado casos como el de Marcos Rodríguez Pantoja, (ver peli de Gerardo Olivares "Entrelobos"), el niño salvaje criado con lobos por estas mismas sierras o que Cervantes pusiera a meditar a Don Quijote  por estos lares.

Sierra de Solana del Pino y superficie de erosión colgada entre vallejos

      Se trata de un territorio casi “blindado”, dado que los terrenos públicos o Patrimonio del Estado, brillan por su ausencia. Estamos en la patria del latifundio, lo que contribuye al vacío demográfico y a su buen estado ecológico ¿ ?. Si los Montes de Toledo eran de banqueros y grandes empresarios, Sierra Morena es de la nobleza (incluidas Casas Reales) y de toreros famosos. Podría estar hablando de pueblos privados, de caminos públicos cortados, de pequeños propietarios acorralados o de furtivos, pero eso será parte de otras historias, algunas de verdadero feudalismo – Finca la Garganta, Venta de la Inés, baños de la Tiñosa, etc.
     
El día y el calor estaban como para imitar a estas inteligentes ovejas

      Estamos en los “invernaderos” de la cabaña ovina peninsular. Hace años se creó una estación, la de Alcudia-Veredas para el acarreo de ovejas que desde sus agostaderos eran traídas por los serranos que no querían andar tantísimo, para pasar todo el invierno aprovechando los pastos de estos campos y dehesas. Hoy venido a menos, la escasa rentabilidad de la oveja, perdido el valor de la lana y con una carne buenísima que no sube de precio desde hace muchos años, está poniendo el papel económico de estos “quintos” en entredicho y, cosa impensable a no ser en los peores años del hambre, muchos terrenos de ridícula fertilidad, se están arando para cultivar absurdas subvenciones europeas. Si tuviesen que vivir de lo realmente producido, nadie araría ni un metro cuadrado.
     
Al fondo la sierra de Solana de Alcudia,. Terrenos solo un poco más llanos que estos se están arando actualmente

      El resto de la economía productiva gira en torno al sector cinegético que bien desenvuelto y sin el blindaje al movimiento de los animales de los kilométricos vallados, podría tener un funcionamiento ecológicamente decente y no acabar, por ejemplo, con los últimos lobos de esta región como está pasando, si es que no acaba de ocurrir ya. Lobos que, como contaban los cazadores ingleses de finales del XIX, Chapman y Buck, les dejaron una noche de nieve sin caballerías y menos mal que llevaban caballerías.
     
Grandes terrenos cinegéticos al sur del Morrón de las Cagás, desde Flor de Ribera

      Al adentrarse en lugares como este, lo primero que llama la atención son las grandes dimensiones de todo, aunque en altitud rara vez se superan los 1300m en Sierra Madrona. Serretas de más de 40km que se conectan o van en paralelo a otras de similares dimensiones, valles interminables, mares de encinas, cientos de vallejos de un solo vistazo, pedrizas, crestones cuarcíticos contribuyen a acrecentar sus dimensiones. Por ejemplo, el Valle de Alcudia, al que pertenece este lugar, tiene una dimensión de 110km de largo, por unos 15 de ancho.
     
La Hoz dando vista a las cimas de Sierra Madrona

      La Hoz del Fresnedas, la del Jándula, Despeñaperros, la del Chorrillo o Río Frío, el estrecho del Borracho, el de Valmayor, son solo las mayores de ellas. Ahora, quién quiera descubrirlas que esté dispuesto a luchar contra todos los elementos, incluídas las vallas cinegéticas. La Hoz de Valdoro o la Ó como la llaman en Hinojosas de Calatrava, puede que sea la más accesible de todas, a pesar del lamentable estado del carreterín de este pueblo al pantano del Tablillas y el largo kilometraje de caminos hasta donde se deja el coche. La Hoz es un hachazo sobre la larga línea de la sierra sur de Alcudia, separando la sierra de Valdoro de la de Solana del Pino, en un corte desde los 500m de base a los 1166m del Morrón de la Plaza al oeste (excursión recomendable) o el Morrón de las Cagás de 1092m al este.
     
El Morrón de la Plaza domina con sus 1166m de altitud la sierra de Valdoro

      Hace unos años la finca de los Alamillos, término del camino, era privada, pero no había ningún problema con los propietarios y hasta esta casa se llegaba en vehículo; luego al ser pública aumentaron los problemas de paso, de multas o de permisos. A día de hoy, parece no haber problema y se llega en coche hasta una cancela cerrada, desde la que parte el camino hacia el río, bien por senda (recomiendo) o continuando por la pista hasta la casa de los Alamillos.
     
A partir de este punto toca ir andando

      El camino ha sido acondicionado en todo su trazado, pero los elementos, naturales y no tanto, lo están “naturalizando” poco a poco. Hay carteles con tiempos y datos, algún quitamiedos y escalerillas de madera hasta llegar a la cueva, denominándose a esta ruta senda de la Cueva. Hace bastantes años hice el camino en ambos sentidos hasta los pies del cerro Cervigón ya al otro lado de la Hoz, en plena Sierra Madrona. Hoy el camino a partir de la Cueva está muy desdibujado, pero con un poco más de trabajo y paciencia se puede conseguir, y merece la pena, pues la cueva es algo más de la mitad de la parte más espectacular y vertical de la Hoz.
     
Esta hoz del Montoro esconde una fantástica aliseda difícil de explorar

      El camino parte del molino de Flor de Ribera, acertado nombre para este idílico rincón del río Montoro, en el que hace años, veraneaba la gente de Hinojosas que al terminar sus fiestas de San Bernardo, bajaban con carros o tractores, con enseres para dormir, animales vivos y viandas para descansar y gozar de este pequeño oasis los últimos días de agosto, cogiendo peces en el río y comiéndoselos bajo toldos o a la sombra de los alisos, entre tragos de vino, bromas y risas.


Presilla o azud para desviar agua para el molino

     Hoy suena a “historia ficción”, pero es que hemos cambiado mucho, baste leer (yo lo haría obligatorio, para los habitantes del Valle) el libro de 1967 de Vicente Romano y Fernando Fernández Sanz, el "Valle de Alcudia", de la colección Botas de Siete Leguas de Alfaguara, para mí, con permiso del Viaje a la Alcarria, el primer libro de viajes en la naturaleza del solar hispano.
     
Vicente Romano y Fernando Fernández Sanz atravesaron todo el valle andando para contarlo en un magnífico libro del que hablaré en otra entrada

      No estoy en la mejor época del año, de hecho he madrugado y vuelto a la carrera para que no me martirice el sol del mediodía. Ya ha pasado la primera ola de calor del verano y todo está bastante achicharrado. Compruebo como el calentamiento climático está arrinconando a los alisos hacia el interior de la hoz, cuando antes había más en y entre Flor de Ribera y la Hoz. Las tablas que quedan en el río están llenas de galápagos y sus bordes llenos de huellas, de aves, de zorros, jabalíes o nutrias. Hasta aquí llega la verde y fresca orla fluvial de las grandes macollas de la Carex reuteriana, protagonista herbáceo de todos los cursos de aguas limpias y frescas desde aquí hasta el Atlántico.
     
Macollas de alta Carex reuteriana enmarcan las orillas y rocas del Montoro

      Desde lejos se vislumbra el magnífico bosque de ribera que recorre toda la hoz como bosque galería (ramas de una y otra orilla conectadas por encima del agua), agua que aunque escasa este año, sigue corriendo, incluso manando tímidamente al pie de las laderas y alimentando a una flora más norteña que de aquí, como Carex pendula o helechos como Osmunda regalis Athyrium filix-femina. A pesar de buscarla, tampoco he encontrado esta vez la fuente agria, de burbujeantes aguas sulfurosas que deja su anaranjado rastro casi en la misma orilla del Montoro.
     
Aquí dentro apenas se siente el verano del exterior

      Estamos en una de las regiones donde el bosque mediterráneo explota en toda su variedad de especies características y se ven, encinas, coscojas, quejigos, alcornoques, madroños, durillos, lentiscos o charnecas, labiérnagos, agracejos (ojo, aquí es la Phillyrea latifolia), espinos, mirtos, parras y todo tipo de jaras, brezos, retamas y cambrones. Apareciendo melojos y serbales en las partes más frescas y acebuches con sus esparragueras blancas en las más térmicas. La escasa altura y su latitud penaliza esta región haciendo que no lleguen aquí los árboles que sí que llegan a Montes de Toledo, como son abedules, tejos o loros, y a pocos kilómetros de la hoz, aparece en las cumbres de Navalmanzano, los restos del último pinar natural de Pinus pinaster del suroeste ibérico.
     
Agracejo, madreselva, lentisco y encinas

      El paisaje vegetal es el de los roquedos cubiertos de encinares, con algún alcornoque en situaciones más térmicas, sustituidos por enebros donde la piedra apenas deja espacio para el suelo. En las más fértiles y húmedas faldas de las laderas, entran quejigos y en los rincones más húmedos, ejemplares sueltos de fresnos apurando alguna oculta veta de agua. La aliseda de fondo de valle es compacta y continua, creando un entramado de raíces que fija el suelo y los une protegiéndolos de las avenidas fluviales que en muchos casos dejan esta red de brazos entrelazados al aire. También dependientes del agua, pero no tanto como los alisos, aparecen los fresnos junto al río o al pie de roquedos.
     

      Llama mi atención en todas estas hoces, la presencia constante y abundante de Phillyrea latifolia que llega a formar bosquetes y en ocasiones deja su habitual porte arbustivo para alzarse en árbol con unas dimensiones inusuales para la especie, siempre al abrigo de unas buenas condiciones que hagan olvidar el clima mesetario de la cercana Mancha. Estamos en Castilla la Mancha, pero todo tiene que ver más con Extremadura o Andalucía, tanto en lo climático como en lo litológico o botánico.
     
     
Ramillas de agracejo (Phillyrea latifolia), parecido al mirto, también presente


      Al internarme en la Hoz, la geología impone su dominio y protagonismo en el paisaje, poniendo la Mancha a años luz de aquí, con barrancos vertiginosos y rocas esculturales. Tras varios callejones y vericuetos llego a la cueva, rincón telúrico en el que habrán dormido hombres  con vida y conciencias en mis antípodas. Seguro que los rastros de las por esta región abundantes pinturas rupestres, fueron borrados por el hollín de las hogueras de cazadores, pastores y todo tipo de gente “balduenda” que anduvo por estos malos pasos: cazadores, bandoleros, huidos de la justicia o de la injusticia, como los últimos maquis que por aquí bandearon. Puede que por eso tiene esta cueva tantos nombres: cueva de los Ladrones, de los Maquis, de los Hurguines, de la Hoz y, últimamente, parece que cueva del Toro.
     
Cueva de los Maquis y geológica vista de paquetes de estratos cuarcíticos vistos desde ella

      Todas estas sierras, serretas y valles son pliegues o flancos de pliegues, estructura que hay que imaginarse subterráneamente para explicar el paisaje, pero que aquí aparece cortado para que se pueda ver el interior de la tierra, con sus paquetes de cuarcitas. El valle de Alcudia es el interior de un gigantesco anticlinal desventrado, donde afloran materiales precámbricos de los más antiguos de la península, formados por grauvacas, pizarras y en menor medida areniscas y conglomerados. La estructura cortada por la Hoz de Valdoro, es el flanco sur del anticlinal dando paso al sinclinal de Solana del Pino. Todo conformado por cuarcitas armoricanas paleozoicas del ordovícico que son las responsables, con su gran resistencia a la erosión, de mantener en pie todo el relieve Centro-Ibérico del Macizo Ibérico.
     
La cueva en la distancia en el centro de la Hoz de Valdoro

      Rincón magnífico de esta magnífica y poco conocida sierra, que desde el límite con Albacete al este, llega hasta prácticamente el cabo de San Vicente en Portugal y que en esta región, tiene en Sierra Madrona, con su umbría bien visible desde la Hoz, sus mayores cotas altitudinales.

     
     
Más info:   http://areasprotegidas.castillalamancha.es/rap/espacios-naturales-protegidos/enp-parque-natural/valle-de-alcudia-y-sierra-madrona/rutas/ruta-12


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