martes, 25 de julio de 2017

El Saladar de Cordovilla


      La provincia de Albacete es una de esas grandes desconocidas para la generalidad de los españoles. Algún madrileño con mucha prisa por llegar a su retiro playero alicantino, debió acuñar el mal dicho de “Albacete caga y vete”, que por mí lo pueden seguir diciendo con tal que dejen esta región en paz y libre para los albacetenses y aquellos que gustan disfrutar de sus tierras.


      Dado su renombre ecológico hacía ya tiempo que deseaba conocer el saladar de Cordovilla, un rosario áreas salinas y esteparias, con alguna zona húmeda, protegido como Zona Especial de Conservación de los saladares de Cordovilla, Agramón y laguna de Alboraj, ES4210011. Quizás el mejor de los saladares que están a medio camino entre el mundo manchego y el levantino.
Los tonos oscuros son los carrizales y sapinares del saladar
      
      Para el común de los mortales, estas son tierras de paso de los millones de desplazamientos que comunican el centro peninsular con las abarrotadas costas del este y sureste, pero pocos son los que bajan de los 120 km/h y deciden conocer esta región. Los más informados y curiosos cambiaron el concepto mesetario y frío de Albacete al conocer las montañas de Alcaraz y descubrir que todo aquello no era una llanura inhóspita; no solo eso, toda la gran divisoria atlántico-mediterránea que crean las montañas sub-béticas al encontrarse con el Sistema Ibérico está lleno de rincones espectaculares, de grandes barrancos horadados por los ríos que escapan al Mediterráneo, con riscos a veces casi verticales, bastantes bosques, normalmente pinares, en el límite entre lo forestal y lo arbustivo, debido al paso de un clima seco a uno semi-árido al ir descendiendo hacia el sureste ibérico.

La belleza rosada del Limonium caesium en una de sus localidades más interiores

     Albacete goza de esa ambivalencia entre lo manchego y lo levantino-murciano, entre lo atlántico y lo mediterráneo, entre lo húmedo y lo árido. Para contribuir a esta riqueza aparecen puntualmente áreas de materiales magmáticos (Cáncarix) y dispersos por casi toda su geografía, pequeños saladares y lagunas. El saladar de Cordovilla tiene una muy buena extensión (comparado con lo que nos va quedando en saladares) y en bastante buen estado de conservación y amparado por la figura de Lugar de Importancia Comunitaria. Está disperso en una gran área en los puntos más bajos de esos valles y también asociado a algunos nacederos que forman parte de la cuenca del Segura a través de su afluente el Mundo, en las Tierras de Hellín, cercanos a Tobarra y a la pedanía de Cordovilla. 

Laguna de la Salina, con la salina en cuestión al NE, del complejo Corral Rubio-La Higuera

     Ante un régimen de precipitaciones como el reinante y con unas evaporaciones que al menos, la quintuplican, las aguas llegan al fondo de la cubeta cargadas de sales que han ido captando en su recorrido, pero por lo común apenas tienen salida y allí se evaporan depositando su blanco contenido. Albacete fue tierra de lagunas salobres, la ciudad misma está asentada en la vecindad de una antigua área lagunar desecada hacer varias décadas, pero toda esta geografía de un drenaje, indeciso entre el este (Júcar-Segura) y el oeste (Guadiana-Guadalquivir), está llena, aún todavía, de lagunas salobres de importancia, tales como: Ontalafia, Pétrola, Salobralejo, las de Corral Rubio, etc. La generalidad de sus suelos calizos, también hace que sea una zona rica en lagunas y manantiales dulces, desde las afamadas lagunas de Ruidera, a los Ojos de Villaverde, pasando por las lagunas, ya más tipo “manchego” o estacionales de El Bonillo”, entre otras.

Laguna de Alboraj, teóricamente protegida, pero rodeada de nuevas explotaciones agrícolas

      Los atractivos no quedan solo en lo paisajístico o lo botánico, estamos en plena tierra de los íberos, con buena parte de los mejores restos de su cultura por aquí cerca; varios kilómetros valle abajo, tenemos el magnífico castro y, también, ciudad romana de Minateda, una isla de roca en resalte perfectamente vertical en medio de un valle cercado de montañas, un lugar mágico sin duda alguna, a pesar de la vecindad de la autovía.

En lo más pastoreado, matorral halo-nitrófilo con calaminos y albardines

      Hay muchos caminos y construcciones particulares dispersas por los alrededores de los saladares y verlo de una manera algo completa sin duda, llevaría más de un día entero, pero lo especial y poco común de su vegetación, salta a la vista y no puede dejar indiferente a nadie. Tan especial es que una de sus joyas botánicas es exclusiva de este saladar, una bella jarilla, el Helianthemum polygonoides, una planta que a mí me parece un H. squamatum, la jarilla de los yesos, transformada para soportar la salinidad.

Centaurium quadrifolium junto a Fumana hispidula

 Pero no solo quedan ahí las peculiaridades botánicas, es de las poquísimas localidades españolas que cuenta con el rarísimo, a todos los niveles, Cynomorium coccineum y cuenta con el último bastión hacia el interior de muchas plantas de la costa mediterránea, como el rosado Limonium caesium, del que esta especie es solo una de las muchas que hay aquí, como el aquí descrito Limonium cordovillensis o L. cossonianum, L. supinum, etc.), y otras muchas.

Con la flor reción caída, el magnífico Helinthemum polygonoides, abajo Limonium caesium

  Toda la vegetación que hay por aquí, en el fondo de esta gran cubeta, ha adquirido las adaptaciones necesarias para soportar la sal, tanto la marina, como la de interior. Tienen hojas carnosas para administrar unos líquidos necesarios para vencer la fuerza de las sales del suelo para retener su propia agua; cutículas engrosadas y céreas, tanto para protegerse del sol como para impedir la fuga de líquido por sus estomas, hojas reducidas a su mínima expresión, etc.

Donde es menor la influencia salina, se instala el albardinal, ahora con su típico frutillo

      La vegetación que rodea el saladar o que se instala en sus cotas elevadas, lo suficiente para evitar el influjo excesivamente salino, está dominada por el albardinal de Lygeum spartum, una de las plantas más adaptadas, tanto a la  sequedad como a una ligera salinidad; una de las formaciones vegetales más extendidas por las cuencas interiores de la mitad sur y oriental del interior peninsular y las franjas costeras, pero que hoy, con la mecanización de la agricultura, el abandono del pastoreo y la eliminación (usurpación) de márgenes de ríos, arroyos y lagunas, estamos asistiendo a su progresivo enrarecimiento.

Plantago maritima junto a Herniaria fruticosa, Senecio auricula, Helianthemum polygonoides, etc.

      Este fondo de valle, como es habitual en el fondo de casi muchos fondos de cuenca, aparecen yesos en lentejones discontinuos que en el pasado tuvieron una somera explotación comercial. Algo tan típico como las costras liquénicas de los yesos, aquí en Cordovilla casi aparece en calveros inclinados y con influencia halófila, apareciendo especies como Herniaria fruticosa o Centaurium quadrifolium, junto a Helianthemum polygonoides o Plantago maritima. Aquí aparece el albardinal típico, de influencia salina con su planta característica el Senecio auricula, pero en este caso a diferencia de la Mancha, aparece la subespecie típica y no la castellana, en lo que también puede apreciarse el sesgo semiárido del sureste.

Senecio auricula subsp. auricula con sus hojas basales parecidísimas a las de los Limonium

      Algo de lo más llamativo de este saladar es la abundancia de sus grandes plantas crasicaules, con la arbusteda salina o sapinar, con especies directrices tan llamativas y abundantes como difíciles de pronunciar en latín: Arcthrocnemum macrostachyum y Sarcocornia fruticosa; de menor talla los almajos Suaeda vera, S. splendens, Salicornia ramosissima o Microcnemum coralloides.

Las plantas crasicaules de Cordovilla: Sarcocornia fruticosa
Arcthrocnemum macrostachyum y Suaeda vera

      Entre albardinales y sapinares aparece abundante el tomillo sapero Frankenia thymifolia, aunque la primera impresión que me dio, fue la de F. laevis y luego, en alguna publicación ví que no era sino F. corymbosa la dominante en Cordovilla; lo gracioso del caso es que, al acudir a Flora Ibérica, cuál no sería mi asombro al ver que no daba ninguna de ellas en la provincia de Albacete. Quien sí aparece y abundante, en las pequeñas cubetas salinas sin apenas vegetación, es la otra especie, la efímera Frankenia pulverulenta.

Matas moradillas de Frankenia corymbosa?

      Este año parece haber sido un año excepcional en esta región, lo que en el occidente ibérico ha sido un fatídico año hidrológico, por aquí y hacia este y sureste ha sido un año generoso, incluso de nevadas que dejan una precipitación mucho más efectiva que los típicos chaparrones de por aquí. Se puede notar por ejemplo en la explosión floral de especies menos comunes como ha sido el caso de los lirios Xiphion vulgare que este año abundan en fenalares y ribazos, cuando otros años apenas aparece alguno suelto. Aún así, los primeros demoledores golpes del calor, han cortado en seco tanta primavera

Lirios españoles al borde del saladar

      Pero estamos en una región pobre en aguas y rica en especuladores que parecen haber cambiado el foco de sus dardos cargados de dinero de dudosa procedencia, del ladrillo a la agricultura. Una agricultura oportunista, efímera y rentable a corto plazo, la del “pan para hoy y hambre para mañana” y el que venga detrás que arree. Se quiera reconocer o no, en esta región manda la agricultura especulativa, y no son unos pobres agricultores currando de sol a sol, no; son grandes empresarios que hoy ponen sus inversiones aquí, al calor de las subvenciones europeas o yendo un paso por delante de las futuras restricciones que, previsiblemente, ellos mismos desencadenarán.

Todo en la naturaleza tiene acogida, solo hay que respetarla un mínimo para que todo florezca

      En Murcia o Almería la agricultura, criticable también, es más privada, juega con sus productos en los mercados, revalorizados por una oferta temprana y sin apenas competencia europea; en Castilla la Mancha, juegan con subvenciones públicas (autonómicas y europeas) para obtener productos de dudoso valor de mercado. Pero estamos en una zona seca donde el agua es oro. En la parte más mediterránea y de cotas inferiores de Albacete, con agua se puede plantar prácticamente lo que se quiera, incluso arroz como hacen los murcianos al poco de pasar el Segura a su territorio.

Reciente y rectilíneo"mordisco" al saladar, aunque un tribunal dé la razón a los ecologistas, la reversión a la situación previa (como la vecina) es muy difícil

      Grandes zonas en los inmensos campos baldíos de estas tierras están siendo aradas, los terrenos han experimentado una espiral alcista de su valor. Hay piedemontes kilométricos plantados de nogales, de albaricoques, de almendros, lo que sea… se obtienen de forma rocambolesca concesiones de derechos de agua, de pozos que desabastecen otras tierras, incluso otros pueblos. Los litigios por el agua se están multiplicando, las actuaciones de las autoridades, tanto municipales, como hidrológicas en estos manejos, están puestas en entredicho.



      Todo esto es éticamente malo, pero las implicaciones territoriales, paisajísticas y ecológicas son tremendas. Estamos hablando de ecosistemas frágiles, a los que se les va sacar hoy cuatro duros, para que queden yermos durante décadas. La agricultura no deja de dar mordiscos a estos ecosistemas que ha respetado por improductivos desde el inicio de los tiempos y a todo lo que sea susceptible de producir a corto plazo. Nadie parece pensar en el futuro, en el medioambiente. La legislación conservacionista europea solo sirve para impedir a los emprendedores sacar partido a estas yermas extensiones, parece extraerse de los artículos de la prensa local, en la que también aparecen algunos de los perjudicados por la fiebre del agua. El dinero aparece de golpe, genera unos jornales y grandes destrozos paisajísticos, para desparecer al poco tiempo de esta región, no sin dejar a su paso el cadáver de campos llenos de arbolillos secos, grandes montones de piedras en los bardales, zanjas rectilíneas llenas de broza y barbechos sin cultivar por años.


      El caso de Cordovilla, es el de los mordiscos de las explotaciones de regadío, el de los incendios consecutivos de carrizales o de sapinares. Daños que van quebrando la salud y continuidad del saladar, dejándolo expuesto a la erosión. Las especies oportunistas van conquistando el terreno de las más valiosas; así ocurre con el carrizal que, como todas las especies estoloníferas, se están expansionando a costa de los sapinares.

El carrizal expansionándose sobre el sapinar, un signo poco saludable

      Este podría ser el mayor saladar en buen estado de conservación del interior peninsular, aparte de sus indudable riqueza paisajística y botánica, no le va a la zaga su riqueza faunística y, sobre todo, entomológica. Este tipo de ecosistemas está poco valorado por los medios, en una tendencia de uniformización de los gustos, tendente a primar el bosque y las verdes praderas, muy por encima de ecosistemas mejor adaptados y, casi únicos de nuestro país, del que gran parte tiene este tipo de clima y previsiblemente, en aumento.


   Deberíamos empezar a valorar de verdad nuestros ecosistemas más genuinos y aprender de la cultura y el medio en el que vivieron y progresaron desde la prehistora nuestros antepasados, a quedarnos prendados de la quimera europeísta de los paisajes de Heidi.


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