jueves, 30 de noviembre de 2017

La Garganta de la Hoz



Hace poco que hice una entrada parecida, sobre otra Hoz en el río Montoro, la de Valdoro en el cordal meridional del valle de Alcudia. Hace años estuve en esta garganta de la Hoz y como de costumbre, me faltó tiempo para recorrerla y conocerla mejor. Esta vez he tenido más tiempo y he aprovechado el lamentable año hidrológico que llevamos para poder vadearlo con más libertad y no estar tan limitado por la fuerte corriente que suele llevar el río en este tramo, aunque no venía tan bajo como yo preveía.

En algunos puntos las pozas hacían imposible continuar por el fondo del valle

Se podría decir que por aquí se va la mayor corriente de agua de la Mancha a Andalucía, en el que bien puede ser (con permiso del Guadalimar), el mayor afluente del Guadalquivir por su derecha, dada las amplias cuencas del sur de Ciudad Real que aquí confluyen, como puedan ser la del Fresnedas que viene de El Viso, el Ojailén que viene de Puertollano o el Montoro, río largo y salvaje, sin pueblos. 


      El maremagnum de montañas que forma Sierra Morena está lleno de arroyos que solo cuando confluyen, empiezan a tener un nombre y aquí topamos con el problema de las toponimias, cada pueblo da por suya cada hoz y este nombre se repite en cada una de ellas, sin adjetivos, como si fuese la única, la “O”. Cuando el Fresnedas se une al Ojailén, la no muy larga unión se denomina Fresnedas, (Ojailén para otros) y forma la hoz del Fresnedas; cuando éste se une con el Montoro, es el Jándula (Montoro para otros) y forma la hoz del Montoro o del Chorrillo, por el pico Chorrillo de 1062m. y la casa a sus pies frente a la junta. Luego llega por fín, la última hoz de esta serie es la Garganta de la Hoz o la hoz del Jándula.

Al fondo la hoz del Fresnedas y en primer término, ya salvada, la del Chorrillo o Montoro

      Al tramo resultante, más que Jándula, le llaman Riofrío o nava de Riofrío, antigua gran zona minera (Pontones, Casarejo, Pueblonuevo, etc.), hoy desmantelada, cuyo poblado principal se atraviesa antes de llegar a la Hoz. Para mí, el verdadero Riofrío sería el que desemboca justo antes de la Garganta de la Hoz, el Robledillo que sí es un río salvaje de verdad, el que recoge el agua de las umbrías más altas de sierra Madrona, la más continua y alta de las de Sierra Morena, de entre el dédalo de cordales que son estas sierras, con su Cuarto de Aulagas, Corral de Borros 1311m. (21 menos que el Bañuela que es la cota más alta de todo este sistema montañoso), Castillones, Torrecilla, Rebollera, etc. Algún día dedicaré una entrada a los numerosos y maravillosos “riofríos“ de toda esta región nada manchega del sur y oeste de Ciudad Real.

Paquetes de cuarcitas y detalle

      En estos magníficos relieves apalachenses, con sus típicos mares de cumbres de alturas similares, vienen definidos, con su alta resistencia a la erosión, por sus largas hiladas de la cuarcita armoricana, llevan una dirección típicamente E-W y los ríos casi siempre se adaptan a esta dirección, adaptación que resulta fácil, al aparecer en estos surcos, (sinclinales de Puertollano y de Solana del Pino, y anticlinal desventrado del valle de Alcudia) de materiales mucho más blandos, tales como las pizarras, también con grauvacas en el interior del valle de Alcudia.

Solanilla del Tamaral con los peñones del Manzanillo de fondo
Desembocadura del Robledillo labrada sobre las blandas pizarras colonizadas por pequeños alisos y adelfas

      Pero a veces, probablemente porque antes de quedar al descubierto esta estructura geológica de estratos duros y blandos en una penillanura inicial, ya habría una red fluvial principal anterior a la aparición o levantamiento de esas sierras con una dirección transversal a estos relieves que probablemente aprovecharía una gran fractura norte-sur que es la que alinea estas tres hoces. Es lo que se llama sobreimposición fluvial, el río ya existía antes y fue serrando unas estructuras que se iban levantando lentamente cuando África comenzó a alzar la península al empujarla contra Europa.

Nava de Riofrío, la Hoz y a la izquierda el posible recorrido del río a la caída de ese cerro rodeándolo

      A pesar de todo es complejo reconocer exactamente qué fenómenos han causado esta impresionante hoz, pues se puede reconocer con sorpresa que la serreta cuarcítica de la Hoz, baja su altura hasta cotas cercanas al nivel del río, poco más de un kilómetro más al este, lugar por donde el río podía haber discurrido haciendo un meandro alrededor de esta sierra, sin haberla incidido tan trabajosamente. Lo que sí que está claro es que todos esos ríos (Fresnedas, Ojailén y Montoro), pertenecieron a la cuenca del Guadiana y en algún momento geológico fueron capturados por el Guadalquivir gracias a la fuerte acción remontante de sus emisarios, favorecida por el gran desnivel con el nivel de base del Guadalquivir. El tajo del río sobre la roca deja unos cortados con una media de altura de unos 250m, aunque desde las cimas se salta desde los 785m. al oeste y de los 665 del este, hasta los 365m. del cauce.


      Si asombrosa es la geología de este rincón, probablemente el lugar más montañoso de la provincia de Ciudad Real, lo es más la bravura de su salvaje naturaleza. A pesar de existir dos pedanías en la vecindad del río, hacia el oeste Solanilla del Tamaral (29 hab.) y al este El Hoyo (238 hab.), ambas pedanías del municipio de Mestanza (477 hab.), estamos en una de las regiones más despobladas de España, sin apenas carreteras o caminos, estos lares son un culo de saco en comunicaciones, se sale por donde se ha entrado, es decir de nuevo por Mestanza.

Pico y casa de El Chorrillo frente a la junta del Montoro y Fresnedas

      No deja de asombrarme la potencia del cauce que debe tener periódicamente este río para mover los enormes bloques de cuarcita por los que voy saltando, su redondeamiento no deja lugar a dudas, además hasta una buena altura, los fondos y pies de ladera están literalmente pulidos y la ausencia de vegetación es manifiesta. También inmediatamente por encima de esta línea, a varios metros sobre el cauce, es fácil encontrar acumulaciones de troncos y piedras diseminadas sobre esa línea. Este caudal también crea cada cierto trecho buenas pozas tras algún umbral rocoso; lástima que el Ojailén venga desde Puertollano.


      La naturaleza se muestra en una gama y variedad, envidiable, pocos rincones en España pueden presumir de estar tan poco transformados, para lo bueno y para lo malo. El monte se conserva en su ser, pues apenas hay repoblaciones forestales, (a kilómetros hacia el oeste algunos pinares resineros y al sur, en Andalucía, de piñoneros), pero el grueso de la vegetación es genuino monte mediterráneo en toda su gama de quercíneas y arbustedas siempre verdes. La gran variedad topográfica hace que exista toda la gama desde los robledales de altura, los quejigares de pie de ladera, los encinares por todas partes, los alcornocales en las solanas más húmedas y enebrales y acebuchares en las áreas más rocosas o en estos cascajares fluviales.

Talud rodeada de la variada vegetación mediterránea
Siempre verdes: mirto, agracejo, lentisco y coscoja

      Aquí aparece casi todo lo que pueda aparecer en los encinares del suroeste de Castilla la Mancha y mucho de lo que aparece en Andalucía. Estos protegidos valles interiores y cañones, seguro que jugaron, gracias a la variedad topográfica y altitudinal, el papel de refugios botánicos en los cambios de clima acontecidos en y desde el plioceno. De hecho hoy en día, a pesar de no existir, por muy poco, la trilogía arbórea del tejo, loro y abedul que sí llegan a Montes de Toledo (en clara regresión), sí aparecen muchas especies térmicas que no llegan más al norte, como adelfas, mirtos, zarzaparrillas, agracejos, robles andaluces, etc.

Descomunal agracejo arbóreo sobreviviendo a duras penas entre los peñascos

      La vegetación que he visto en estas partes tan bajas, da para todo un estudio botánico bien diferenciado de lo “manchego”. De entrada me llama la atención las buenas extensiones y abundancia de una escoba que no hay más al norte, la Genista polyanthos, en los cascajares de estos ríos y como sub-rupícola; la abundancia o incluso dominancia en estas partes bajas y protegidas, del aquí llamado agracejo Phillyrea latifolia y también la que veo por primera vez en esta región, la zarzaparrilla Smilax aspera de acertado nombre, pues es como una zarza que pincha y una parra que trepa por árboles y arbustos, tanto que en algunos lugares tiende impenetrables celosías entre el suelo y lo alto de algunos árboles.

Marañas de zarzaparrillas
      Este otoño con la sequía que hay, daba por excusada la típica excursión de caza de colores otoñales, pero a pesar de la sequía, este lugar tiene un variado colorido otoñal, destacando claramente las abundantes cornicabras, los fresnos, algunas higueras, los tamujares, helechares y la presencia de escasos, pero enrojecidos arces. Las parras silvestres también dan un buen colorido sobre los árboles a los que trepan.


      Nada más pasar por la desembocadura del Robledillo, veo la típica formación de las orillas pedregosas de esta región, los adelfares que en verano engalanan de rojo las orillas,y el tamujar que ahora luce sus hojuelas amarillas. Esta vegetación ribereña aquí se acompaña en los suelos más secos, con la masiva Genista polyanthos y algunos enebros dispersos con escasas mejoranas Thymus mastichina. Cuando esta formación se degrada más, por estar más cerca de este cauce que puede tener grandes oscilaciones, ya no hay vegetación arbustiva, quedando solo la acedera Rumex induratus y Scrophularia canina.

Formación de Genista polyanthos en los cascajares interiores del tamujar

      Cuando me meto por las rocas, veo claramente que adaptados a esas duras condiciones de xericidad y falta de suelo, aparecen enebros, cornicabras, agracejos y numerosos acebuches con sus esparragueras blancas; de todos ellos hay ejemplares arbóreos descomunales, algunos en precario estado tras este par de años de ayuno. En las repisas terrosas veo en floración, buscando entre la tupida alfombra verde de sus hojas, el Arisarum simorrhinum y en las pedrizas abunda la Ballota hirsuta. También veo al raro endemismo de estas sierras, Coincya longirostra, (creo, pues su congénere C. rupestris subsp. leptocarpa, no me cuadra tanto).

La extraña flor del Arisarum simorrhinum y abajo roseta de Coincya longirostra

      El mundo de los helechos no pensaba que estuviera tan bien representado, con helechales de Pteridium aquilinum en suelos con humedad, y si aumenta aparecen puntualmente, Adiantum capillus-veneris, Athyrium filix-femina o más raramente Osmunda regalis; en repisas rocosas la doradilla Ceterach officinarum, Asplenium trichomanes y Polypodium cambricum. Como rupícola estricto aparece Cheillanthes hispanica, acompañado en esas paredes sombreadas por los coloridos endemismos Jasione mariana, Digitalis mariana y al sol, por el clavel Dianthus crassipes.

Cheillathes hispanica y Adiantum capillus-veneris

      Los alisos en la hoz crecen donde le dejan los golpes de las grandes avenidas y los suelos que tengan humedad en verano, porque lleguen al nivel del cauce o aprovechando algún manantial, entonces aparece también la enorme cárice Carex pendula; veo en varios lugares no tan húmedos, la jabonera, Saponaria officinalis y ahora con sus flores moradas la menta Calamintha nepeta. Otros arbolillos ribereños ahora anaranjados, son los tarays de antes de la hoz aparte de algunos fresnos.

Saponarias creciendo bajo una adelfa

      Es el Robledillo el que tiene excepcionales alisedas en gran parte de su recorrido, con todo su elenco florístico y presencia de especies norteñas. Los abundantes sauces de sus orillas me tienen despistado, pues no estoy acostumbrado a ellos, en principio iba buscando el sureño Salix pedicellata, pero no lo es, se parece mucho al S. fragilis, aunque leyendo Flora Ibérica he visto que existe una raza sureña de Salix salviifolia, la supuesta subsp. australis que coincide plenamente con lo visto y poco se parece al típico.

Sauces entre zarzales y helechos

      Me llama la atención los escasos madroños que pensaba ver en abundancia, como ocurre a mayores alturas, y las pocas matas de rusco, parece que aquí tienen más fuerza las especies termófilas y son desplazados por los lentiscos, el abundante mirto que este año tan seco, apenas ha fructificado y sin duda por los agracejos que aquí parecen sustituirles. Probablemente aunque en las alturas vecinas llueva bastante, aquí lo haga en menor cuantía y las temperaturas varios grados mas altas, por la escasa altitud y por estar más protegido del viento, requieran de la vegetación una mayor adaptación a la sequedad y altas temperaturas. Por eso tampoco veo los quejigos o los alcornoques que tanto abundan en estas sierras.


      La fauna tiene toda la gama imaginable de la Iberia salvaje, de hecho esta región de sierra Morena es la que puede presumir de tener los ¿últimos? efectivos de lobo ibérico de toda la mitad sur peninsular, arrinconados por los propietarios de fincas que con buenos cerramientos crían caza mayor como quien tiene una granja de pollos y no están dispuestos a sacrificar un euro por un par de lobos. El lince también vive por aquí, pero más de paso que residente pues depende de la riqueza de conejos que prefieren suelos más blandos para hacer sus madrigueras.

Las selvas de Sierra Morena

      Vi algún venado y oí piedras rodando por animales grandes; también vi cabras montesas, creo más introducidas y escapadas de fincas que las genuinas cabras salvajes de los altos de sierra Madrona, aunque a ver quien le pone puertas a estos bichos. El cielo siempre estaba poblado con buitres y a cada rato, pasaban a media altura cormorane, alguna garza real o la flecha azul del martín pescador. Me llamó la atención el ver varias veces restos de cormoranes devorados, creo que la culpable, más que un halcón, debería ser alguna águila perdicera.

Retazos de colores otoñales

      El espectáculo de los colores otoñales de las caducifolias, los cortados cuarcíticos rojizos, con sus líquenes amarillos (Acarospora spp.), contrastando con la vegetación siempre verde de mirtos, agracejos, hiedras, jaras, brezos, o la siempre gris de las encinas o los añosos acebuches, pintan un espectáculo hermosísimo que afortunadamente está lejos de los circuitos turísticos otoñales que aparecen en las revista de turismo en la naturaleza. Pero estas sierras son así de desconocidas o de inabordables. Me consta que hay bosquetes caducifolios bellísimos en altas umbrías de la sierra, para llegar a las cuales hay que tener una excepcional forma física y permiso de los terratenientes cinegéticos.

Arce

      Cuando se nombró Cabañeros Parque Nacional me alegré, también ya de paso porque daban carpetazo a la locura de convertirlo en campo de tiro del ejército, pero cuando se le nombra el parque nacional del bosque mediterráneo, siempre me acuerdo de Sierra Morena, con sus bosques de robles, sus riscos, sus hoces y su fauna ibérica al completo, con el lince y el lobo sin necesidad de re-introducirlos. Este es el bosque mediterráneo más completo y variado de la península, desde sus especies norteñas y caducas a las más esclerófilas y térmicas.


      A pesar de estar en forma, esta ruta me ha costado sudor, cansancio y agujetas. El andar saltando todo el rato de bloque en bloque, subiendo a repisas para superar pozas, a veces teniendo que desandar lo andado; me han señalado la sádica caricia de las ramas secas de los acebuches y las zancadillas de las zarzaparrillas; suerte he tenido que se nubló y no roció que se nubló y no llovió, a pesar de la constante amenaza, porque esas pulidas cuarcitas mojadas son garantía de caídas en la delicada zona de los grandes bloques del río o cuando tuve que hacer trepaditas para salvar encerronas. También una lástima no haber tenido un equipo fotográfico acorde a las imponentes dimensiones de lo que me rodeaba.


      En época de cría de rapaces, lo mejor será no venir y abstenerse de incordiar, pues aquí seguro que están las especies rupícolas en mayor peligro de extinción como la cigüeña negra, la perdicera o el alimoche, aparte de la gran cantidad de buitres que tiñen de blanco altas repisas y peñones. Ojala que estas hoces se mantengan así por mucho tiempo, que nadie turbe la serenidad de estos bosques y peñascos con sus discretos moradores.


   

jueves, 5 de octubre de 2017

Monte Pindo, el monte Olimpo de los Celtas


      El monte Pindo es una impresionante mole granítica que se alza desde el mar hasta los 620m de altura de su redondeada cumbre, el pico Moa (muela). Salvando las distancias y para los del centro de la piel de toro, es como si se hubiese cogido el enorme stock granítico de la Pedriza y se hubiera colocado, en a costa da Morte frente a la península de Finisterre, en la costa atlántica gallega.

Fisterra contemplada por una extraña peña caballera desde el monte Pindo

      Estamos ante una montaña mágica y mítica, tesoros escondidos, reinas legendarias, monstruos y sierpes, rituales curativos, guerreros petrificados, cuevas de hadas y otras leyendas junto con otras señales más tangibles, como ruinas, inscripciones en la roca y petroglifos, hacen que se le conozca como el Olimpo Celta de Galicia. Solamente andando por sus laberínticos callejones y “penedos” se puede sentir esa magia, esa conexión con lo remoto y lo arcano de estas tierras del fin del mundo. La naturaleza, los paisajes y la originalidad plástica de las rocas, un constante y espontáneo museo de caprichosas esculturas, no hacen sino ahondar en esa magia.


      Posteriormente he leído sobre sus ruinas, sus antiguos habitantes y sus leyendas y esto no ha hecho sino atizar aún más mi imaginación. En el siglo X se construyó el castillo de San Xurxo, para proteger a los habitantes de las poblaciones costeras de las repetidas incursiones de vikingos y todo tipo de piratas que les hacían abandonar sus pueblos a la carrera para enrocarse en las alturas. También hubo otro castelo sobre el aéreo pico Penafiel que domina, como un púlpito, la desembocadura del río Xallas, bajo sus peñas, tallada en la roca existe una antigua inscripción excomulgando a la montaña, al parecer, con la intención de acabar con la larga tradición de cultos paganos.

Rocas y muralla arruinada en lo que fue el castelo de San Xurxo

      Pero no hace falta tanta fantasía, sí que existe la cova da Casa de Xoana bajo uno de sus picos y a la “leyenda” del castillo de la reina Lupa, le ha venido a apoyar el hallazgo de una sucesión de ruinas de grandes muros en sus altas laderas que hacían de la práctica totalidad del área culminante, un recinto amurallado. Al ver las imágenes en alguna página web, he comprobado  que aquí pudo llegar a existir una, digamos que acrópolis pre-romana de grandes dimensiones.

Petroglifo en la vecindad del Pindo

      El monte Pindo nos enseña un completo y complejo muestrario de geomorfología granítica. El granito es una roca endógena, formada en el interior de la tierra; las fuerzas que erosionaron y movilizaron los materiales que tenía encima, lo han puesto al descubierto como lo vemos hoy en día. Esas fuerzas y procesos de denudación y transporte, por supuesto, siguen vigentes en la actualidad.




      El granito a una escala mínima se meteoriza y se areniza, y a gran escala se exfolia en grandes capas rocosas a modo de capas de cebolla, es el llamado diaclasado de exfoliación que a su vez se fracciona por otra red vertical de fracturas. Por ello es fácil ver retales de grandes bloques (desmantelándose), descansando sobre grandes losas de roca continua de la roca inferior (apenas comenzando a alterarse), y superpuestos encima de esos retales, otros bloques menores, las piedras caballeras, pertenecientes a la capa superior más externa (casi totalmente desmantelada).

Caos de bloques acumulados en una vaguada, con robles entre ellos

      Dada la gran cantidad e intensidad de lluvias que riegan estos montes que además hacen de pantalla orográfica frente a los vientos atlánticos, forzándoles a descargarse aún más de esas aguas, la evacuación de los materiales sueltos es continua y la acción torrencial de los arroyos instalados en estas inclinadas laderas, potente y capaz de trasladar bloques de gran tamaño.

La densa red de fracturas verticales y la roma cumbre del Moa en su centro

       La arenización del granito, la movilización de bloques y la rápida explotación del sistema de fracturas, contribuye a ir desalojando capa a capa esta roca aparentemente indestructible, dejando a la vista grandes lajas ligeramente convexas, los “dorsos de ballena”, agudas figuras dómicas, los “yelmos” o  casi los horizontales lanchares.

Roca mostrando nervaciones y abajo su opuesto, las acanaladuras


      Mucho de las formas que vemos ahora se gestó a grandes profundidades, las fisuras rellenadas por minerales más resistentes a la erosión que el granito que lo contiene dibujan “nervaciones” o también su forma inversa en las “acanaladuras”. Otra figura muy común aquí son los “tafonis” redondeadas concavidades en extrañas orientaciones, laterales o boca abajo comúnmente, aún de no muy claro origen, bien formados por alteración edáfica o bien por deformaciones compresivo-distensivas a grandes profundidades.

Monstruo pensativo, las numerosas oquedades que se ven son mayormente tafonis

      Si el granito es fácil de alterar bajo tierra, no lo es menos en la superficie. Muchas grandes lajas muestran "pilancones". El agua se acidifica en la atmósfera o con la vegetación y altera fácilmente arenizándolo Así ocurre en puntos que acumulan el agua de lluvia y que van profundizándose lentamente. Aquí las llaman pías y son reseñables las que se crean en el seno de la roma cumbre del pico Moa. En ellas, según la leyenda, tenían lugar ceremonias de purificación y fertilidad, con baños de agua sucesivos en los pilancones de esta cima. En el seno de las gargantas los golpes de los bloques transportados en las grandes avenidas sobre la roca forman las “marmitas de gigante” que en el final del río Xallas se muestran espectaculares.

Pilancones en la cima del Moa. Supuesto lugar de cultos de sanación y fertilidad

      Estamos en un clima claramente oceánico con muy poca oscilación térmica, ya entre el día y la noche o entre invierno y verano, es decir una zona ideal para el desarrollo de la vegetación. Pero estamos en Galicia, donde el fuego parece ser una de las más duraderas instituciones de esta comunidad, para desgracia de propios y ajenos. Periódicamente esta montaña, como casi todas las gallegas, ha sido arrasada parcialmente por la acción del fuego pero en 2013 ardió por sus cuatro costados, destruyendo totalmente el bosque.

Ver enlace a El País

      Después de ese terrible incendio, vinieron las lluvias que removieron todo lo erosionado en este fuego que ahora se encontraba sin la protección de la vegetación y las muertas raíces de los árboles que sostenían los suelos y todo se vino abajo. La ría de Corcubión pasó una mala época para la pesca y el marisqueo, y los arroyos profundizaron su lecho, como también ocurrió con muchos caminos que hicieron de improvisados arroyos, quedando prácticamente inservibles.

Entre troncos quemados, abajo destaca la aguda cumbre del Penafiel

      También como sucede en todo el noreste ibérico, Portugal incluido, el descuido forestal o la búsqueda de un rendimiento rápido y máximo del monte con un mínimo de trabajo, ha entregado el bosque a la sobreexplotación y su abandono o desidia de la población local, haciéndolo muy vulnerable a la acción del fuego y a su invasión por especies alóctonas, a veces, precisamente las elegidas para los cultivos forestales. Poco a poco, sin el menor de los cuidados o miramientos, esta montaña, rica y variada en especies poco comunes, está pasando a ser más común, monótona y con menos tesoros naturales que no sean las de su imponente roquedo y las maravillosas vistas.

Muy probablemente, los pinares de Pinus pinaster subsp. maritima aquí sean de origen autóctono

      Esta montaña estaba poblada en sus partes más pedregosas, inclinadas y soleadas, por un magnífico pinar de Pinus pinaster, en la que podría ser una de sus pocas poblaciones totalmente naturales y autóctonas, con vetustos ejemplares en los rincones más inaccesibles. Allí donde los suelos eran más profundos y estables, se enseñoreaba el roble carballo, Quercus robur y en rincones rocosos, siempre a salvo del fuego eran comunes los acebos, al igual que en las áreas bajas más húmedas, los laureles. Pero también se plantaron lamentables plantaciones de eucalipto y de Pinus radiata, hoy también arrasadas en su práctica totalidad.

Laderas totalmente arrasadas por el fuego

      Una curiosidad biogeográfica de esta montaña es la presencia en sus faldas de solana, del carballo enano como lo llaman por aquí, el Quercus lusitánica, una escasa quercínea que crece en algunas bajas cumbres del extremo suroeste ibérico y del Riff marroquí, por lo que estamos en una localidad claramente disyunta de su área de distribución. Lo encontré compitiendo con eucaliptos en un maltratado sotobosque lleno de broza.

El raro Quercus lusitanica a más de 500km de su vecino más próximo

      Me llama poderosamente la atención al caminar por sus alturas la presencia constante de plantas que estoy acostumbrado a ver en el Sistema Central por encima de los 1600m que aquí, por la generosidad térmica y pluviométrica del verano de la costa gallega, pueden crecer a sus anchas en estas cotas, para mí, inusualmente bajas; así me ocurre con las abundantes gencianas de turbera Gentiana pneumonanthe.

Gentiana pneumonanthe, bastante común para estas altitudes

      El matorral es variado, siendo dominante, dada la alteración de los suelos, el tojo que hace muy difícil andar por el monte fuera de caminos. Pero también hay todo tipo de brezos y escobas y llega a hacer vegetación sub-arbustiva, un endemismo característico de estos montes costeros gallegos, la Centaurea corcubionensis.


Mata de Centaurea corcubionensis, abajo el llamativo ajo Allium ericetorum

        Dentro de las rarezas botánicas y especies amenazadas, se encuentran especies tales como el cardo Eryngium duriaei subsp. juresianum un género de cardos que en la portuguesa Serra da Estrela tiene una diversidad asombrosa de especies como ésta. Están presentes aquí los raros y delicados helechos Dryopteris guanchica e Hymenophylum tunbringense y también hay otras especies poco comunes pero muy llamativas como la rara Arnica montana subsp. atlántica, Fritillaria pyrenaica, Hyacinthoides paivae, Ranunculus bupleiroides o Allium ericetorum.

En las cimas del Pindo abundan las turberas, con su vegetación característica

      Dramático es el caso de Iris boissierii el bello lirio de Xurés como lo llaman en Galicia, por ser de esta sierra en la raya de Portugal, la mejor de sus  escasísimas localidades. Este lirio, en peligro crítico de extinción, está casi extinguido en el monte Pindo, algo que habría que remediar con una cuidada reintroducción. Tampoco pude encontrar la rarìsima salamandra colilarga que una vez pude ver, allá en mi niñez.


Fotografía de Roi Carballal en biodiversidade.eu

       Después de ver cómo ha actuado la erosión post-incendio en los vallejos de la parte alta del macizo donde vegeta, creo que el motivo de su desaparición bien puede ser, si no la profundización y remoción de gran parte del lecho de los valles, sí la deposición, de grandes amontonamientos de pequeños y medianos cantos de un blanquísimo cuarzo, sacados de los suelos de las laderas superiores por la arroyada tras los incendios.


Vallejo con su centro denudado por la arroyada y con amontonamientos de cuarzo a los lados

      No se puede hablar del monte Pindo sin mencionar sus dos excepcionales extremos meridianos. Por el norte su caída sobre el río Xallas es espectacular, más aún desde lo alto del Penafiel que domina un profundo cañón fluvial que antes de su represamiento, tuvo que ser aún más espectacular. Este recorrido fluvial termina en una gran “fervenza” o cascada en la ensenada de la bahía de Ézaro, desembocando directamente al mar en marea alta, constituyendo una destacable excepcionalidad geográfica europea.


      En el extremo sur se encuentra la gigante y variada playa de Carnota, de 7km de recorrido, cortada por la desembocadura del Valdebois y con otras marismas internas atrapadas entre su cerrado cordón dunar y la peana de las laderas.

A Boca do Río, cortando la playa de Carnota, desde el aire

      Carnota está cada día más poblada, sus frías aguas no logran impedir la afluencia masiva de visitantes en agosto (como el que suscribe), pero incluso con ellos sigue siendo un lugar magnífico, con el horizonte del monte Pindo reflejado en sus aguas o como si de una montaña del desierto se tratase, de fondo tras sus grandes dunas y arenales.


      A partir del fuego de septiembre de 2013, el clamor popular pidiendo un mayor grado de protección para el monte Pindo bajo el paraguas de Parque Natural, se ha hecho aún mayor que antes. Pero la administración gallega alude que no hay dinero e incluso ha creado alguna ley que hace más difícil aún su promulgación.


       Este macizo no es muy grande, no tiene grandes intereses económicos por medio, ni forestales (difícil tratamiento y extracción de árboles) ni ganaderos (dada su pedregosidad y la escasez de buenas praderas) y una ingente cantidad de visitantes y excursionistas. Para colmo hace tiempo que, junto con la playa de Carnota, con sus arenales, estuarios y bosques, es Lugar de Importancia Comunitaria de la red Natura 2000. Luego no se entiende la cerrazón de las autoridades que parece que simplemente, no quieren dar su brazo a torcer ante esos “ecologistas” que lo andan pidiendo.


        Se hace necesario tomar medidas con esas raras especies en peligro y hacer una buena labor de repoblación adecuada a los diferentes nichos ecológicos y vegetacionales. También es una montaña en la que se hace casi imprescindible recuperar su ancestral red de senderos, hoy casi totalmente perdidos. Sea Parque Natural o no, es imprescindible cuidar con esmero esta joya del patrimonio gallego y de la humanidad.

Islas Lobeiras y cabo de Finisterre desde el castelo de San Xurxo

      Desde aquí agradecer la gran labor altruista y de voluntariado en defensa de la naturaleza y la cultura relacionada con esta montaña por la Asociación Cultural Monte Pindo Parque Natural:    http://www.montepindo.gal
también, aunque lamentable, la reseña del gran incendio de 2013:
https://elpais.com/ccaa/2013/09/11/galicia/1378902553_637545.html
Sobre la flora y vegetación de Galicia, imprescindible:
http://www.biodiversidade.eu

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