martes, 30 de enero de 2018

Amable, el Señor de los Tejos


     Se nos ha ido Amable, Mable de Melendreros en el concejo de Bimenes, a los pies del Peñamayor. Como esta imponente montaña, su maravilloso recuerdo permanecerá para siempre entre todos destacando en el horizonte. Gracias Amable por haber existido, ha sido un verdadero placer haberte conocido.

El Peñamayor mostrando, en tonos oscuros, sus bosquetes de tejos y acebos

Amable es (en presente, porque nunca se nos irá), una persona normal, como deberíamos ser todos y todas, correcto, generoso, simpático, protector e inteligente. Aparte de ese carácter, tiene todo el saber acumulado durante sus casi 100 años de existencia, la experiencia de décadas de trabajo en las entrañas de la tierra, el haber encajado una guerra (en Asturias fueron dos) y, sobre todo, un profundo amor por la naturaleza.


    Amor que enfocó hacia la plantación y cuidado de miles de árboles, siendo el de su predilección, el tejo, el “texu” que en Asturias, como en otros muchos lugares ibéricos, tiene la magnificencia de árbol sagrado, venerado o al menos, admirado por todos, llegando a ser el árbol bajo el que se hacían los consejos locales y se tomaban las decisiones comunales que como decía Amable, “lo que se acordaba bajo texu, era sagrau”.


A pesar de aparecer ante sus vecinos como una persona fuera de lo normal, por la “excentricidad” de su entrega y defensa de los árboles en su pueblo, nunca cejó en su empeño y hasta hace muy poco, cuando ya sus piernas empezaron a reclamarle un poco de tregua, dejó de ir a visitar “sus” tejos del Peñamayor, de las casas vecinas o del pueblo donde él los hubiera plantado. Pero en Melendreros y todo Bimenes, todos le querían y muchos le pedían tejos, para sus casas o sus mayadas en el monte. Ahora muchos podrán presumir que su tejo se lo plantó Amable, el Señor de los “texus”.

Foto que le tomó su sobrina Susana, hace más años, cuando estaba tan ágil como temerario

      Amable sabía que con la plantación de un tejo no acaba el asunto, plantar un árbol es encargarse de él, garantizar su buen crecimiento y su futuro, como si de los hijos que no llegó a tener se tratase. Incluso visitaba periódicamente casi todos los tejos del Peñamayor, hasta los más remotos o aquellos colgados de barrancos, a los que accedía con tanta pericia como temeridad, a pesar de su edad. 

Observando un acebo ya irrecuperable por la presión de los herbívoros

     Llevaba un estricto seguimiento de los tejos y también buscaba la existencia de plantones, cada día más difíciles de encontrar, debido a la apetencia de la fauna salvaje por ellos y que en Peñamayor que, como en otras muchas regiones ibéricas, ha crecido de forma exponencial, para gusto de cazadores y desgracia de la vegetación.
      
En su casa con familiares y amigos

      La simpatía y la gracia de sus bromas, de sus historias vividas o sabidas, su trato con todos, niños o mayores, paisanos o forasteros, trajeados o barbudos, era francamente envidiable. Hoy nos queda su ejemplo que sin duda perdurará. 


     Hace años leí un libro que casi haría de obligatoria lectura en los colegios, “El Hombre que Plantaba Árboles” del francés Jean Giono, escrito en 1953 y que a día de hoy sigue siendo un éxito de ventas. Si este hombre hubiese conocido antes a Amable, hubiera escrito, ahora basado en una historia real, “El Hombre que Plantaba Tejos”.

Una buena cerca y un lugar donde nunca va a molestar a nadie. Un tejo más

    Escuchándole enseguida se comprende que ha tenido una vida plena. Entró en la mina por debajo de la edad legal permitida, jugándose su trabajo, el de su padre y el del capataz que se lo permitía, y salió de ella premiado por la cantidad de años trabajados y con otro premio indeseado, una silicosis de la que gracias a su vida sana, rioja incluído, y a sus caminatas por Peñamayor, ha ido superando para sorpresa de todos, pues esa enfermedad no es de las que se torea fácilmente. 

Quizás por afinidad de edades Amable vigilaba y seguía los tejos más viejos o enfermos

        Amable tiene una mirada relajada, intensa y comprensiva que hace honor a su nombre, una mente prodigiosa que mima sus recuerdos, relata artículos y lecciones del código militar de sus años de guerra civil, sabe los nombres de casi todos los que le trataron, el lugar donde se encuentra cada tejo, los nombres de la topografia, de las majadas y de sus dueños. Sólo lamentaba el día en que no le permitieron seguir conduciendo y cazando. Se ve que su vida ha estado, como él dice del ensamblaje de las cosas de la naturaleza, “muy bien armada”.

Posando con las visitas en la puerta de su casa

      Si alguien merece un homenaje y el reconocimiento público, sin duda es Amable, por su forma de ser, por su labor continua, callada y desinteresada desde hace tantos años. Dios sabe que no es por él, pues hace años supo de sus tareas Ignacio Abella, el autor de tantos buenos libros sobre plantas y árboles, y le dio a conocer a otros amigos y compañeros que desde entonces no dejaron de acudir periódicamente a Melendreros a ver a Amable y, a ser posible, dar un paseo con él para ver los tejos de Peñamayor.

En la cumbre del Peñamayor

     Una molestia repetida, a veces a deshora, pero a todos nos atendió cortésmente y, a pesar de sus años y salud, casi siempre había excursión o una jugosa charla. De no ser por Ignacio, probablemente, solo sus vecinos sabrían de su callada pero tenaz labor de pastor de árboles, tarea que hubiera sido igual de ejemplar y perdurable, pero no tan conocida y admirada como ahora es el caso.
      
En un homenaje que le ofrecieron algunos amigos de los tejos, aquí entre dos de ellos

      Desde varias organizaciones - TREPA (Trabajadores Especializados en Poda y Arboricultura), Amigos del Tejo, ARBA (Asociación de Recuperación del Bosque Autóctono),...y amplificado radiofónicamente por programas como El Bosque Habitado de Radio 3 o Reserva Natural de Radio 5, y de manera coordinada con el Ayuntamiento de Melendreros, encarnado en su buen alcalde que ha conseguido los terrenos para la plantación - se lleva trabajando varios meses en la realización de un merecido homenaje público a esta persona que tanto ha trabajado desinteresadamente por el bien y la salud de todos, porque plantar y trabajar por los árboles es una de las mayores demostraciones de fe y esperanza en el bien y el futuro de la humanidad. 
      

      El homenaje va a consistir en la plantación de un bosque de 97 tejos, uno por cada año de Amable que, en una muestra final de humildad, ha preferido no asistir a un acto en el que él iba a ser el protagonista absoluto. Él siempre admiró a las personas valientes, pudo ver las injusticias de la vida, la mina, la guerra o la brutal posguerra, con dramas demasiado cercanos a él como el del Pozo Funeres, a cuya sima bajó y que sigue siendo un lugar señalado de la represión franquista en esta tierra.

Homenaje a los arrojados al pozo Funeres en la posguerra

    No sé cómo se hubiera sentido al verse tan protagonista, seguro que ruborizado o algo avergonzado, después de haber conocido tanto de lo bueno y lo malo, y tantas personas que seguro que hubiesen merecido homenajes, según él, más merecidos que el suyo.
      
Al pie del pegoyón de Anés

      Por su puesto que el homenaje se va a realizar igualmente, quizás con mayor motivo, además se trata de dar a conocer al mundo la existencia de personas como Amable que calladamente, en el día a día, no hacen sino trabajar por los demás, por el bien común, por creer en el futuro, por mantener lo mejor de nosotros y lo mejor de nuestra naturaleza, en este caso simbolizado en el tejo, el árbol sabio y viejo, el árbol codiciado hasta su casi extinción, el árbol que ahora está curando nuestros cánceres, el árbol que como Amable, nada pide y mucho da.


      Para el apoyo económico de este homenaje, aparte de la gran ayuda del ayuntamiento, se creó una cuenta para recabar el dinero voluntario, en la plataforma Kukumiku, para la compra de una buena cerca, fundamental para mantener a la caza mayor, lejos del codiciado ramón de tejo. Desde aquí convoco a todos los que puedan acercarse el día 3 de febrero, a la Campabaxera en L’Escobal de Bimenes. Última hora: cambio por previsión de nevadas el 3, se pasa al sábado 17 la plantación y domingo 18 de Febrero, subida a ver el texu de Paragües, su preferido.


     Va a ser una fiesta como Dios manda, se va juntar lo mejor de cada casa, se va a comer y a beber, a bailar y a disfrutar, por supuesto, después de trabajar codo con codo, con las gentes de Bimenes en perpetuar el recuerdo a esta persona tan ejemplar y admirable.


      Amable, siempre contigo, siempre entre nosotros. Siempre que vea un tejo, me va a llegar el recuerdo de tu ejemplo y tu buen vivir.
      Gracias a todos los que han colaborado para que este homenaje haya sido posible: Nati, Aitor, Susana, Tino, Ignacio, Carlos, Viveros Alborada…y tantos otros amigos del tejo. También gracias por las fotos cedidas o "prestadas" de Carlos e Ignacio.
      

Una última llamada de atención: el tejo lo lleva mal en toda España, pero mucho peor fuera de las montañas del norte. En los Montes de Toledo se va acercando a la extinción, a pesar de los muchos que había, sin que nadie haya puesto el grito en el cielo. En la cabecera del Estena son decenas los tejos venerables que han sucumbido a la sequía, cuando prácticamente no existe el menor relevo generacional, dado el excesivo número de venados, jabalíes y corzos de esos “exclusivos” latifundios cinegéticos. Solo con el apoyo e iniciativa de personas individuales, no se puede conseguir que el tejo resista. Este es solo el principio de una larga lucha.

Como los frutos de ests "teja", así de fructífera ha sido la vida de Amable

Epílogo: la plantación fue todo un éxito. Esta es la reseña que escribió Ignacio Abella: recomiendo leer con la música de Xuaco Amieva de fondo. https://youtu.be/a94KYjnU5KI   

"Loas amantes del bosque van al cielo que quieren, al Hell o al Valhalla, según sus preferencias. Pero algunos deciden quedarse en el planeta Tierra, que se encuentra justo en el centro del universo conocido, y sus átomos se funden en aroma de hojarasca, en deliciosa pulpa de arilo, o en el murmullo del agua. Mable seguirá aquí de mil modos distintos y sus amigos y admiradores le hemos rendido un homenaje. 

Comenzó este 17 de enero con la plantación de 97 tejos en Campabaxera, (Bimenes), en cumplimiento del sueño de Tino (Agustín Dominguez) y Begoña Quintanilla, que quisieron manifestar de este modo su agradecimiento a nuestro viejo maestro y casi consiguieron que fuera aún en vida. No pudo ser pero igualmente se plantaron los árboles con la participación de muchos niños y mayores que pese al mal tiempo se atrevieron... Se abrió el cielo en el momento justo para disfrutar de un sol radiante en un paraje que no podía ser más hermoso. Después de la plantación Xuaco Amieva entonó sobre el túmulo de Cotina (más conocido como de Campabaxera), el Canciu'l texu que nos estremeció hasta la raíz y luego una danza prima en torno al mismo túmulo que giraba en un gran círculo (y parte de otro). 360 grados con los ojos empañados, las manos enlazadas y un círculo de montañas nevadas, mucho más amplio, nos rodeaba llegando hasta el mar. 
La emoción no cabía ya en el pecho cuando la familia, descubrió la placa de gratitud a Mable, el abuelo y amigo de todos.
Por la tarde tuvimos ocasión de aprovechar el encuentro y acudir a la magnífica charla que nos dieron los amigos de Resforestacción.

Al día siguiente, ayer domingo, terminamos de despedirnos en el lugar que Amable había pedido. El texu paragües, a partir de hoy, el Texu de Mable. La familia y los amigos hemos perdido a este personaje único e irrepetible, pero, a partir de hoy entra a formar parte de nuestra leyenda, perenne y casi perpetua como su árbol. También hemos disfrutado de este último regalo del maestro, el encuentro de todos los que lo queremos.

Y os copio el texto de Barjavel que leímos a pie de texu y que algunos habíais pedido:

El cuerpo de Mable había desaparecido. Se había fundido en la foresta, confundido con ella. Se había convertido en madera viva, cortezas, raíces, hojas verdes y hojas muertas, semillas germinadas, savias ascendentes... Estaba en todos los árboles, de todas las edades y todos los tamaños, en sus ramas y en sus hojas, en sus frutos y en sus yemas. La bendición pacífica del bosque y su fuerza sin límites le impregnaban y él colmaba el bosque con su comprensión, su gratitud y su amor.

Un abrazo grandeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee como el de Amable a su texu"
                                  Ignacio

PD. Agradecimientos a los que pudisteis venir y a los que no, a Tolo, Loli, Susi y toda la familia, a Xuacu Amieva y Ana López, a María José Parejo y al bosque habitado que estaban todo el tiempo en la onda, a Mercedes y Rosa a las que echamos mucho de menos, a Carlos Luengo por su coordinación y organización, a Sergio, Nati e Iván, a Javi y Juan, Bea, Marco, Yetza, Gonzalo, a Chema, Nacho, Carlota y Bambú, a las organizaciones TREPA, ANA, Amigos del Tejo y las Tejedas, ARBA, Reforestacción, Micorriza, Enraizarte, La Fontanina, El conceyu del texu, Mavea y todos y todas las demás (y perdón por no seguir nombrandooossss).

Enlaces:
www.kukumiku.com/proyectos/plantacion-del-bosque-amable/
memoriadelbosque.blogspot.com
texu-wordpress.com
mistexos.blogspot.com
www.arba-s.org/ El libro del Tejo
http://almanaquenatural.blogspot.com.es/2011/09/amable-y-los-tejos.html
 http://almanaquenatural.blogspot.com.es/2013/11/paseo-con-amable-y-visita-redes.html
http://www.elcomercio.es/asturias/siero-centro/bimenes-llora-mable-20180119003604-ntvo.html
http://www.lne.es/centro/2015/02/22/bimenes-aporta-tejo-asturias/1716850.html
www.lne.es/centro/2018/01/18/muere-97-anos-mable-plantador/2224262.html

viernes, 29 de diciembre de 2017

Los Ojuelos de Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real)


      Los Ojuelos de Villarrubia es una zona esteparia con humedales, antiguamente drenados, sobre suelos salobres y arenosos que proporcionan unos poco comunes nichos ecológicos, sobre los que viven unas específicas comunidades vegetales adaptadas a ellos. Los últimos restos de vegetación natural están desapareciendo rápidamente, dado el actual aprovechamiento intensivo del terreno, la ausencia de voluntad por cumplir la legislación ambiental y la cicatería de la administración a la hora de proteger espacios o ampliar el colindante Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.


      Estamos en el borde noroccidental de la gran llanura manchega que limita a poca distancia con los Montes de Toledo, a cuyos pies se encuentra Villarrubia de los Ojos que marca el contacto entre esas grandes unidades estructurales. Por debajo de este pueblo el canalizado río Gigüela con su Madre Chica. Los Ojuelos se encuentran poco más al sur, en el contacto entre el área fluvial del Gigüela y el borde nororiental de la plataforma caliza manchega, aquí desmantelada por la acción fluvial del río.

Los antiguos manatiales de los Ojuelos y la acutual red de drenaje (Oscar Jerez)

      La plataforma caliza y algunos pequeños montes isla, aparecen al sur y oeste de los Ojuelos y está formada por costras calizas que coronan margas y calizas pliocenas. El resto del terreno son formaciones cuaternarias fluviales de una red poco competente que dejó en sus fondos de valle, playas húmedas de suelos limo-arcillosos con materia orgánica, y playas secas, con limos salobres y lentejones de yeso.

Isleo arenoso amarillo en medio de la grisácea llanura salobre del Gigüela

      Esta red fluvial ha estado sometida a fuertes variaciones y, a finales del plioceno, fue capaz de acumular gran cantidad de sedimentos arenosos, en lo que hoy es el Parque Nacional y que posteriormente, con la acción del viento, bajo un clima y ambiente más estepario, dio lugar a formaciones de dunas y mantos arenosos, cuyos restos encontramos hoy en día en sus bordes sur y oeste, y más someros, ya en su interior.

Zona de arenas con su vegetación característica

      Estamos en la llanura de inundación del Gigüela, ambiguamente separada por formaciones aluviales del ámbito de los antiguos Ojuelos, un área de manantiales con sus tortuosos cauces, cuyas aguas dulces tenderían a marcar depresiones someras por la disolución de las calizas, yesos y sales del suelo. Hace menos de dos años, ya comenzado el actual periodo seco, para sorpresa de todos, comenzaron a rellenarse de agua los puntos más deprimidos de los Ojuelos, cuando en el centro de la cuenca el nivel del acuífero ya había bajado más de un metro en lo que, de haber continuado ese ciclo lluvioso, hubiera hecho circular las aguas como lo hiciera en el pasado, lo que da una idea de la vulnerabilidad de estos terrenos.

Hace pocos meses surgieron pequeños manantiales en varios puntos de los Ojuelos

      En tiempos pasados esos manantiales de aguas dulces de los Ojuelos, debieron ser menores pero parecidos a los cercanos y también defenestrados Ojos del Guadiana, luego los numerosos y divagantes arroyos creados por su flujo, contactaban con el Gigüela, río salobre y de cauce sumamente variable que haría de esta zona, un área de difícil explotación agrícola por lo que tuvo un uso ganadero, corroborado por la existencia a lo largo de los siglos XVII y XVIII de la originaria ganadería de toros bravos de la seminal raza “jijona” que a mediados del XIX se traslada a Madrid, probablemente por problemas con los agricultores que ya comenzaron a drenar este lugar, por medio de la construcción de grandes zanjas o “chorreros”.

Uno de los Ojuelos, sin agua desde hace mucho

      Estos terrenos también se aprovecharon como yeseras, lo que supuso la excavación de amplias y someras cubetas para extraer el material que era transformado in situ. Para mediados del S.XX los Ojuelos ya están drenados y el golpe definitivo llegará con la canalización del Gigüela que convierte el río en un canal profundizado que contribuye a rematar los últimos humedales.

Depresión originada por la antigua extracción de yesos

   A partir de entonces los escasos aprovechamientos agrarios (viña, herbáceos y almendro), dada la mala calidad agraria de estos terrenos, fueron decayendo. Las áreas menos fértiles o manejables quedaron para el pastoreo y así han permanecido, más o menos, hasta el inicio de la crisis económica de 2007. A partir de entonces mucho dinero, antes en el sector de la construcción, parece invertirse en tierras, aumentando la especulación, la extensión de los incendios provocados y la implantación del almendro, marcando el declive de los últimos retazos de naturaleza silvestre en este lugar.

Area hace poco  importante y ahora totalmente arrasada por incendios y paso de ganado (Oscar Jerez)

      El parcelario es muy irregular, alternando zonas de pastoreo con viejas o nuevas parcelas agrícolas, áreas recién removidas para el cultivo o almacenamiento de materiales, un campo de tiro, alguna pequeña repoblación de pinos y casillas dispersas. En los bardales y cruces de caminos hay acumulaciones de cascotes y caliches. De manera planificada y regular, a juzgar por lo vivido sobre el terreno y por las imágenes de satélite, se quema la vegetación natural de eriales o futuros cultivos, de manera ilegal e impune. Posteriormente se plantan almendros o viñas. Los abundantes carteles de venta de terrenos indican la especulación reinante.

Dimensión y precisión en la quema de la vegetación natural muestra la clara intencionalidad

      Solo queda vegetación natural en las áreas marginales, parcelas comunales y en las áreas de topografía adversa, como la recortada por las extracciones de yeso, y a pesar de su lamentable estado general, pues solo una quinta parte de su superficie está poblada con lo que queda de su variada vegetación natural, ésta muestra una clara concordancia con la variabilidad y especificidad de los diferentes sustratos. En el ámbito de los Ojuelos, se pueden establecer cuatro zonas de litología y vegetación muy distinta que es lo que contribuye a hacer tan especial y rica esta zona.

Pastizal efímero de Frankenia pulverulenta, oscuro contrastanto con Hordeum marinum

1.- El área occidental de influencia halófila que va desde la depuradora de Villarrubia a los límites del Parque Nacional. Coincide con la llanura de inundación de lo que fueron hasta 1970, las “Tablas de Villarrubia”, aunque también hay pequeñas áreas puntuales en el interior de los Ojuelos. Cerca de la depuradora, aparecen saladares con una muy completa vegetación halófila que va perdiendo componentes y riqueza, según nos acercamos al Parque Nacional, bien por la roturación de las tierras o por la influencia de las periódicas inundaciones.

La laguna salada de La Lagunilla muestra los restos de su antigua casa de baños

    Están presentes prácticamente todas las comunidades vegetales del saladar. En las áreas más claramente salinas, cerca de la depuradora, en el área de la Lagunilla y en la inmediata vecindad del Parque Nacional, aparecen pastizales vivaces crasicaules, el almarjal de Suaeda vera, aunque algo fragmentado. Escasa, pero en varios puntos, aparecen la comunidad de Microcnemum coralloides, más abundantes son los ralos céspedes de Parapholi incurvae-Frankenietum pulverulentae y más aún los juncales salinos, los pastizales de Puccinellias o de Hordeum marinum, con especies como Blackstonia imperfoliata, Centaurium tenuiflorum, Crypsis schoenoides, Juncus subulatus, J. gerardii, J. maritimus, J. acutus, Scirpus maritimus, Linum maritimum, Plantago maritima,  Puccinellia fasciculata, Schoenus nigricans, Sonchus crassifolius, S. maritimus,  Sphenopus divaricatus., Suaeda spp.,etc.

Saladar con abundante Plantago maritima

2.- El albardinal o sus restos, ocupan el área más esteparia y de suelos limosos del interior de los Ojuelos, sobre suelos grisáceos con una cierta influencia salina e hidromorfía en la vecindad de chorreros y depresiones. Esta vegetación esteparia varía en función de la salinidad, hidromorfía y del grado de alteración/nitrificación, aunque muy mermados y quemados reiteradamente, su potencialidad es el albardinal que a provecha estos suelos pobres, secos y salitrosos, aunque actualmente tienen gran extensión, dado su carácter primocolonizador, las praderas con Limonium, fundamentalmente de Limonium carpetanicum y L. costae. Con más humedad aparecen vallicares y fenalares con Brachypodium phoenicoides, Elymus hispidus, E. curvifolius, juncos, Dorycnium gracile, etc., pero si aumenta la hidromorfía entra el carrizo. Especies: Las anteriores y Lygeum spartum, Lepidium cardamines, Senecio auricula subsp. castellanus, Reseda stricta, etc.


3.- Francamente interesante y desconocida, la zona sabulícola de los mantos de arenas del sur y dispersos por el oeste. Aparecen por el sur tienen y el oeste de los Ojuelos, teniendo mayor entidad los primeros, formando grandes acumulaciones casi dunares. En el interior de los Ojuelos y en la llanura de inundación del Gigüela, aparecen isleos o manchas someras y dispersas de arenas con áreas de deflación. Actualmente están sometidas a una gran presión y transformación, con la implantación de almendrales y viñedos, mostrando estos últimos, su escaso o nulo desarrollo en las arenas de mayor espesor. Son áreas de caza, pastoreo o cultivos leñosos de viejos almendrales.

Vegetación sabulícola y viejos pies de almendro

   En estas arenas aparece la vegetación psammófila muy visible en el ámbito de los terófitos (pequeñas hierbas anuales), englobadas en el orden Malcolmietalia con especies como: Erodium aethiopicum, Helianthemum ledifolium, Hipochoeris glabra, Jasione blepharodon, Linaria spartea, Loeflingia hispanica, Malcolmia triloba, Ornithopus sativus subsp. istmocarpus, Polycarpon tetraphyllum, Rumex bucephalophorus, Scabiosa simplex, Senecio gallicus, Silene conica, Vulpia spp., etc. Más llamativa es la vegetación vivaz, siendo dominantes Artemisia campestris subsp. campestris y Rumex roseus, a las que se unen Alkanna tinctorea, Biscutella valentina, Ononis natrix, etc.

 
Vegetación sabulícola sobre el arenal

4.- El área caliza de la cobertera neógena manchega, aparece en el borde sur de los Ojuelos y en promontorios aislados en los bordes orientales de la llanura de inundación. Son las áreas más elevadas y agrícolas, muy cultivadas con viñedos y con restos de encinar manchego, aunque con su vegetación serial algo alterada y poco variada que también aparecen en arenales adosados o superpuestos, a estas lomas.

Salicornias y Suaeda splendens al borde del carrizal de la vega del Gigüela

A parte es esas cuatro zonas, puntual o linealmente, aparecen comunidades freatófilas que a nivel arbórea tienen los escasos restos de olmedas y alamedas blancas, pero más tarayales salinos que en la vecindad del Parque Nacional, forman buenos bosquetes. Los espadañales aparecen solo en el centro de los canales del Gigüela y Madre Chica; los carrizales también y cerca de las hondonadas con humedad temporal, teniendo un gran potencial de colonización en épocas lluviosas, dada la antigua vocación de estos suelos. Aparece muy puntualmente en algún chorrero la masiega y con menos requerimientos hídricos, los juncales de junco churrero y los salobres de Scirpus maritimus o Juncus maritimus, cuya riqueza, aumenta notablemente ya en el Parque.

Suelos improductivos pero cultivados que tras las aguas se llenan de Lythrum flexuosum

      Es notoria la comunidad de Lythrum flexuosum que alcanza tras épocas de lluvias y el consecuente abandono de cultivos, una extensión superficial desmesurada en las suelos salobres e inundables. A parte de las mencionadas especies aparecen también, Doricnium gracile, Galium verum, Linum maritimum, L. tribracteratum, Oenanthe lachenalii, Oenanthe lachenali, Sonchus maritimus, etc.

Nube de flores de la Gypsophila tomentosa

      La vegetación más acorde al actual momento de alteración y transformación continuada de este lugar, son las cada día más abundantes comunidades de especias nitrófilas de influencia salobre, representadas en el mejor de los casos, por calaminares de Salsola vermiculata, aunque lo normal es que sean comunidades herbáceas de cultivos y cardales variados dependiendo del sustrato. La nitrificación suele dar aquí, sobre suelos salinos, cardales de Sonchus crassifolius; sobre suelos arenosos, Chondrilla juncea, Salsola kali y Tribulus terrestris; sobre suelos limoso-salinos = Salsola vermiculada y Gypsophila tomentosa; sobre suelos higrófilos, cardales de Cirsium monspessolanum y C. pyrenaicum y, sobre suelos agrarios, cardales de Onopordon spp., Centaurea spp., etc. En los últimos años están apareciendo nuevos taxones como Gypsophila pilosa o Zygophyllum fabago.

Pastizal de Imperata cylindrica una excepcionalidad vegetal en medio de la Mancha

      Es muy habitual el ecotono entre las distintas formaciones vegetales, destacando por su rareza y peculiaridad, el existente entre la vegetación sabulícola y los limos, con influencia higrófila y que viene determinada por la presencia de pastizales vivaces de la gramínea de buena talla Imperata cylindrica, abundante pero puntual y diseminada por casi todos los lugares que reúnen estas características, una rareza botánica de los arenales levantinos y andaluces.

Dos plantas protegidas, Linomium junto al ya reseco Senecio auricula

       Casi toda la vegetación señalada, está protegida bajo la Directiva Hábitats de la Red Natura 2000 de la Comunidad Europea, apareciendo en su Atlas de Hábitats (de modo parcial y sin incluir la llanura de inundación y las áreas sabulícolas del sur), y también por la Ley 9/1999 de 26 de mayo, de Conservación de la Naturaleza de Castilla la Mancha donde señala en su Anejo I, la lista de los Hábitats de Protección Especial. Esta última ley prevé la posibilidad de aprobar planes de conservación o de restauración, pudiendo ser declaradas de utilidad pública o de interés social, medidas que podrían y deberían aplicarse en los Ojuelos. De hecho, los arenales deberían estar protegidos automáticamente por cumplir claramente con el Catálogo de Hábitats y Elementos Geomorfológicos de Protección Especial de dicho Anejo I.

Talud adornado por el Lepidium cardamines

      Las comunidades vegetales protegidas presentes en los Ojuelos, son los Bosques galería de Salix alba y Populus alba 92A0, muy puntuales en bordes canal del Gigüela; los Tarayales 92D0; las comunidades Halonitrófilas anuales 1310; los Pastizales efímeros crasicaules (con Salicornia ramosissima, Microcnemum coralloides, Sueaeda spp.), pastizales con Frankenia pulverulenta, las comunidades de Crypsis-schoenoidis  , las praderas de Puccinelllia, las formaciones de castañuela y las praderas anuales de Hordeum marinum; los Almarjales de Suaeda vera 1420; los matorrales halonitrófilos de calaminos; los albardinales salinos y formaciones de Limonium 1510 (Hábitat Prioritario) con especies como Limonium spp. Lepidium cardamines, Lygeum spartum, Senecio auricula, etc.

Comunidad sabulícola vivaz dominada por Artemisia campestris subsp. campestris

      La vegetación sabulícola, tanto la anual de Malcolmietalia 2230 como la vivaz, están teóricamente protegidos, pero al no estar descrita fitosociológicamente no aparece contemplada por la legislación. Esto incrementa más aún la vulnerabilidad de esta vegetación que podría desaparecer en pocos años.
    Las lagunas y charcas temporales mediterráneas 3170 (Lythrum flexuosum, L. tribracteatum, Crypsis schoenoidis, Himenolobus procumbens, etc.); los pastizales xerofíticos vivaces mediterráneos subestépicos 6220 (Thero-Brachypodietea); 6420 las herbáceas higrófilas mediterráneas, praderas juncales y vallicares 6420 y puntualmente otras comunidades de interés tienen presencia testimonial pero suficiente como para realzar la amplia gama vegetal de la zona y sus buenas posibilidades de ampliación o regeneración.


Ejemplares de un Limonium de gran talla, probablemente L. costae

      Entre las especies protegidas destacan las más emblemáticas del cada día más escaso albardinal manchego. Lepidium cardamines, catalogado como De Interés Especial (antes En Peligro de Extinción) y que aquí podría tener su mayor población mundial, y Senecio auricula subsp. castellanus catalogado en la Categoría III como Vulnerable y que aquí presenta la localidad más occidental de su área de distribución; también Microcnemum coralloides es puntualmente abundante. En la Categoría IV como De Interés Especial están: Cladium mariscus, puntual en algún chorrero; en los terrenos salobres inundables aparece muy abundante en las épocas idóneas Lythrum flexuosum y son muy abundantes los distintos Limonium, especialmente en la llanura de inundación cerca de La Lagunilla. Otras especies de interés por su rareza en Castilla la Mancha son Centaurium quadrifolium, Frankenia laevis, Glycirrhyza glabra e Imperata cylindrica y muy probablemente exista Sisymbrium cavanillesianum.

Ralo pastizal lleno del escaso Lepidium cardamines

      Por los altos valores naturales de este espacio, la extensión de los hábitats de interés y especies protegidas, y sus valores geomorfológicos (mantos arenosos y llanura de inundación), es necesaria la protección de parte de la superficie de los Ojuelos de Villarrubia, y lo es más, visto su avanzado estado de deterioro y la celeridad de las transformaciones en el momento actual. 

Viña recién plantada cerca de unos de los últimos olmos de los Ojuelos

     El supuesto valor agrario que parece reinar ahora en las parcelas de estos terrenos, está en clara contradicción con su valor pasado y con las producciones reales obtenidas en un medio tan limitado por sus características edáficas. La reversión de muchos de estos terrenos a su estado natural también tendría productividad desde otros enfoques, bien como área de interés cinegético-ganadero o como área protegida, dedicada a la conservación y preservación de unos ecosistemas que prácticamente han desaparecido de toda la Mancha, a pesar de haber sido de los más extendidos y representativos de esta región española.

Uno de los mayores albardinales de los Ojuelos

        Estas áreas podrían y deberían unirse, para dar más entidad y variedad, al Parque Nacional más pequeño de España, el de las Tablas de Daimiel, así como para conseguir una muestra de los ecosistemas más representativos de la Mancha, gestionados en una sola unidad espacial de protección, aunque en su día desde la Asociación Ojos del Guadiana Vivos, recibieron una propuesta cartografiada y justificada de ampliación del Parque Nacional por el noreste y los Ojos del Guadiana que no contemplaron.

Arenales con el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel de fondo

      Cumpliendo con la Directiva Marco del Agua que protege los ecosistemas fluviales y el amplio lecho de inundación de los mismos, las llamadas “Tablas de Villarrubia” hasta la depuradora de Villarrubia, lo deberían volver a ser en propiedad por ser Dominio Público Hidráulico; con esta área ribereña inicialmente protegida, se le podrían unir, las zonas esteparias y salobres de los Ojuelos occidentales, con sus mantos de arenas y restos de encinar que los separan del Gigüela. Más al este quedan numerosos retales de terrenos salobres, con zanjas de chorreros y yeseras que, dado su nulo valor agrícola y la presencia de comunidades y especies protegidas, también se podrían incorporar al área protegida.

Senecio auricula en la población más occidental de su areal

El área a proteger debe estar concentrada y ser lo suficientemente amplia y significativa. Los ecosistemas más destacables son: los mantos de arenas, la vegetación esteparia y la salobre llanura de inundación del Gigüela. En caso de tener que proteger terrenos puntuales y representativos de cada ecosistema de interés, la figura ideal sería la de microrreserva. En ese caso, como mínimo se debería crear: una para la vegetación sabulícola, una especificidad claramente manchega que no aparece, como si acaso no existiera, protegida en ningún lugar, aunque sí que lo están los importantes, pero poco representativos como manchegos, arenales acidófilos de Velada-Guadyerbas (Toledo) y el levantino de Caudete (Albacete); una para la vegetación esteparia lo suficientemente amplia para incluir los últimos restos de albardinales cercanos al campo de tiro y otra para la vegetación halófila en los saladares cercanos al Gigüela (borde depuradora) y/o La Lagunilla, realzando su valor testimonial como antigua zona de barros medicinales.

Áreas a proteger preferentemente. En azulado, la llanura de inundación del Giguela que deberá ser D.P.H.



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