miércoles, 31 de agosto de 2016

La Garganta Lóbrega


La garganta Lóbrega es una de las gargantas más largas del sur de Gredos y, paradógicamente, de las menos conocidas y por ello, una de las más salvajes y mejor conservadas. Su rectilíneo valle tiene una longitud de unos 12 kms. hasta llegar a Candeleda, último pueblo abulense del oeste del valle del Tiétar, por lo que está región por poco no pertenece a la Vera cacereña, aunque solo se trata de una frontera política, pues geográfica y ecológicamente coincide con ésta en casi todo.

El risco del fraile asomándose a la garganta Blanca, por encima de las majadas de las Albareas

A unos 7 kms. de su cabecera la Lóbrega recibe por su derecha a la garganta Blanca que drena el cuchillar de los Hermanitos, creando un desnivel de cima a valle de casi 2.000m en muy un corto trayecto. Una vez reunidas las dos gargantas, aunque la línea directriz del valle es la de la Lóbrega, la garganta resultante pasa a llamarse de Santamaría que llega hasta Candeleda. A partir de este punto se abre al valle del Tiétar y se rodea de un “mar” de bolos, que son esas características y redondeadas rocas graníticas que tapizan toda esta fachada norte del valle hasta que comienza la rampa de la sierra.

Bolos graníticos de todos los tamaños se acumulan en la garganta

La marcha hasta la cabecera de la Lóbrega que es la cara suroeste de La Mira, es una marcha muy poco usada por los montañeros que sí que van a los cercanos Galayos - La Mira, por el vecino valle de Guisando o que también, pero pocos, suben al cordal principal de Gredos por el sur desde Candeleda, dadas la gran distancia y el desnivel que hay que salvar. Subir por el sur directamente a los Tres Hermanitos, al Casquerazo o a los riscos del Frances y el Fraile, ya son palabras mayores.



Llevo varios intentos de llegar hasta aquí, por diferentes vías, la fácil es la de la pista forestal hasta las Albareas, pero su estado habitual no es apto para coches normales; el camino desde el pueblo es una maravilla, pero hay que sumar tres horas y un muy buen estado físico. Desde Guisando hubo camino, por el sur del Cabezo del Cervunal, dehesa de Arbillas y bajada a la Lóbrega, pero está muy perdido y son muchos kms. y desniveles. 


Por arriba de la cuerda va el camino hacia la Plataforma o también al puerto de Candeleda

         Desde la Plataforma, por el norte, una vez lo intente, pero tras subir la cuerda, era como bajar a un pozo de nubes en ebullición, por el mal tiempo reinante en la cara sur, además no existe camino y los piornos de más de dos metros solo son superados por los “bolos gigantes” de las Molederas.


No suelo dar muchas pistas de los lugares que aparecen en este blog, pero aquí no tengo problemas, este sitio hay que ganárselo con esfuerzo, por lo que cualquiera que vaya, se convertirá en un “compañero de fatigas”. 



Por desgracia a pesar del madrugón, ha sido un día de calor como la mayoría de los de este mes de agosto

            Hubo un camino que como pude comprobar llegó a ser apto para caballerías, bien hecho, con grandes lajas y drenajes, de los tiempos del comercio entre dos vertientes de una sierra tan diferentes climáticamente que es fácil pensar en lo útil y provechoso de intercambios comerciales entre la una y la otra. La ruta fácil, la del Puerto del Pico con su célebre calzada romana, estuvo durante siglos sometida a portazgo y control.

Restos de lo que fue un camino construido con muchísimo trabajo

Camino hay, pero está muy perdido y su calidad no le diferencia mucho del terreno circundante, pero te mantiene siempre en el lado bueno, para ello es necesario cruzar repetidas veces la garganta aunque suele ir por su derecha. 



          A falta de mantenimiento institucional, como sí que pasó con el puente del Puerto, al poco de unirse la Blanca y la Lóbrega, los puentes que cruzaremos son todo un alarde de cultura popular, aunque la potencia del agua y la dinámica geomorfológica puede ser terrible, solo hay que ver el caos de bolos de todos los tamaños que puede remover, por lo que los puentes están sometidos a una vida útil bastante limitada.

Peldaños de grandes bloques hasta el pilar que sostiene el puente

Breves ayudas para quitar un poco el miedo

Este valle y todos los vallejos laterales (Castaño, Hocino, Cerradillas, Carcajón, los Cabrones, Berrocosillo, Quebrada, etc.) están plagados de majadas para el manejo de las cabras, el único ganado que le puede sacar buen partido a estos montes y aquí se pueden apreciar las miserias y la dureza de la vida rural hasta hace un par de décadas. 


Las acrobáticas cabras están siendo sustituidas poco a poco por vacas sin pastor

         Hay majadas hasta en lugares inverosímiles. Aquí la gente vivía, al menos durante todo el verano hasta hace pocos años en unas condiciones que no les diferenciaban demasiado de los pastores neolíticos. Cualquier roca que librase algo de la lluvia ostentaba varios muretes para redondear un aprisco, desde buenos corrales a corralillos para los chivitos.


Hoy solo resisten las majadas a tiro de vehículo, las demás se van hundiendo sin remisión, apenas son apreciables las peanas de sus muros, corrales y huertecillos. Hoy esto se está llenando de otro ganado, las vacas sueltas por todo el valle. Me di cuenta antes de verlas por las podas que tenían los enebros del fondo de valle, para su mejor trasiego, ramoneo o sombra bajo ellos.


Encina sobre-ramoneada por los animales

          Con ganado sin pastores no me extraña que no quieran la necesaria, por no decir perentoria, vuelta del lobo a estas sierras tan llenas ya de cabras salvajes, corzos y venados. De los últimos pensaba que dado lo abrupto del terreno, no habría, pero encontré una buena cuerna sobre la hierba.


La vegetación está muy condicionada por la rocosidad. El bosque potencial es un robledal como queda demostrado de manera abundante, donde existe algo de suelo digno de tal nombre. Entre las copiosas lluvias orográficas que tienen lugar en estas laderas tan bien orientadas a los vientos ábregos y la verticalidad del terreno, es fácil comprobar que los suelos profundos son algo escasos. 
Pocos puntos del alto valle de la Lóbrega tiene una alta vegetación forestal

        Aquí es súmamente importante conservar la vegetación para aportar estabilidad a los suelos de estas tortuosas laderas. Si no fuese por ella, el cercano embalse de Rosarito en el Tiétar, haría tiempo que estaría colmatado y todas sus buenas tierras regables aguas abajo, baldías.

Al fondo apenas se esboza el pantano de Rosarito, destino final de los materiales arrancados de por aquí

A pesar de que estamos en la potencialidad del roble, el bosque dominante es un gran enebral, me creo que mayor que el de Losar de la Vera.


Gran enebral casi puro, abajo retamares seriales de Cytisus multiflorus

           Enebral que en realidad viene a ser el bosque serial de un encinar berroqueño, pero la mayor palatibilidad de la encina frente al enebro y los fuegos, la han llevado a tener una escasa regeneración, pero como aquí abundan las zonas donde es difícil que llegue el fuego e incluso las cabras domésticas, es uno de los valles meridionales con más encinas.


Encinar en las altas laderas de solana a unos 1500m.

Climáticamente estamos en el piso supramediterráneo, pero tanto por el efecto solana, como por las variadas facilidades topográficas, aparece vegetación relacionada con el piso mesomediterráneo (encina, cantueso, mejorana, etc.) y solo al final del valle se aprecia la vegetación oromediterránea (piorno serrano, festuca de Gredos, etc.). Me llama la atención la variedad arbustiva de la zona, con helechares, brezales, escobonales blancos, codesares, escobonales negros, piornales, etc.

Bajo los enebros prospera el codeso Adenocarpus hispanicus

En contados puntos de la garganta de Santa María, debido a la alta humedad y temperatura, existe un bello arbolillo tropicaloide, el loro (Prunus lusitanica) y en otros lugares grandes almeces; los alisos solo abundan donde las orillas de la garganta se encuentran más estabilizadas y lejos de la “petanca” producida por el movimiento de los bolos en su cauce.

Si las plantas menores estaban pasadas, las moras empezaban a estar en su punto

Esta entrada tiene más que ver con la geomorfología que con la vegetación, lo avanzado de la estación y la ausencia de chaparrones estivales han dejado las plantas menores achicharradas, y la finalidad de la excursión es indagar en los procesos que han podido remover todos esos bolos en la cabecera y que luego se han ido garganta abajo. Finalmente no he resuelto mis incógnitas y he tomado nota de la enorme magnitud y complejidad de los procesos que intervienen en este acarreo.


Caos de formaciones de bloques al W de la Mira y cuchillar del Amealillo


A medida que se remonta la garganta se van viendo, a un lado y otro del cauce, numerosas antiguas formaciones de terrazas torrenciales. La remoción es y ha sido tan potente que es difícil apreciar si por encima del cauce actual hay una o dos generaciones de antiguas terrazas.


Altas formaciones, probablemente torrenciales, por encima de la terraza actual

        Los numerosos arroyos o canales tributantes dejan en su junta buenos y ejemplares conos torrenciales que por si solos serían capaces de taponar el valle en su confluencia.


Magnífico cono torrencial ocupando todo el valle del Hocino

De entre todos esos grandes conos podría destacar el del Hocino, un corto arroyo que baja de los 2200, con una cabecera incialmente glaciada, el hielo bajaba en vertical tobogán hasta el inicio del cono. Aquí aparecen muy desgastadas por el paso del tiempo, las morrenas laterales que dan paso a un rectilíneo cono de blancos bloques que llegan a tocar la otra ladera del valle, en el punto en que el camino remonta la Lóbrega. 
       
Unión del cono del Hocino con el valle principal y oquedad interior sobre la Lóbrega

         El choque de la Lóbrega con este arroyo dibuja una gran hoquedad, tan acusada, y con unas formaciones de bloques adosados a la ladera oriental de la Lóbrega que estuve barajando la posibilidad que se tratase de la morrena frontal del hielo que en su día debió de bajar por la Lóbrega.


Abruptas formaciones lineares de bloques señalan la posibilidad de morrenas bajo el SW de La Mira

Remontando el último tramo de la Lóbrega hube de dudar de lo anterior, tal es la erosión y las formaciones de grandes bloques reinantes a partir de aquí que el rango de posibilidades de explicaciones a todas estas líneas de bloques, superpuestas en el tiempo, tiene una difícil explicación. 


Reunión de formaciones rocosas al pie del cuchillar del Amealito

         Muchos de los grandes bloques que aparecen aquí en el fondo de esta reunión de vallejos que es la cabecera de la Lóbrega, posiblemente sean “bloques erráticos”, aquellos que cabalgando una masa de hielo móvil han llegado hasta donde no podrían haber caído por su propio peso.


Bloque errático al fondo del valle bajo los Cotriles

Aquí tienen lugar procesos de una magnitud difícil de imaginar, como podría ser imaginar fuerzas capaces de llevar bloques de más de diez toneladas, por la fuerza de un deshielo combinado con fuertes lluvias (torrencialidad), por la fuerza de la gravedad sobre un largo tobogán de nieve endurecida (caída asistida); por la fuerza de la caída de un pedazo de ladera de materiales sueltos y empapados en un chorro de barro y rocas (colada de bloques).


Cabecera occidental mostrando las heridas de varias coladas de bloques

El límite en el tamaño máximo de bloque que puedan acarrear unos y otros procesos es, precisamente en este lugar, difícil de determinar, dadas los grandes desniveles y potentes precipitaciones reinantes. Quien no tiene casi límites en su transporte es el hielo. Éste y las coladas siempre dejan altos caballones a ambos lados del surco que van cavando en su descenso.


Cicatriz de una gran colada de bloques y alineaciones basales morrenoides

       Pero viendo las blancas y numerosas heridas que jalonan casi todas las laderas adyacentes, con su blanquecino y lineal recorrido, no dejan dudas sobre su reciente preponderancia.


El risco de los Cotriles preside, desde una posición intermedia la cabecera final de la Lóbrega

            Domina este amplio rincón el risco de los Cotriles con su mole piramidal, presidiendo las verticales canales que bajan de los contrafuertes de La Mira, a 2323m., por los que bajan los aludes en invierno hasta acumular toneladas de nieve a los pies de los Cotriles, en las épocas frías esta acumulación podía dar lugar a lenguas de hielo que por estar tan poco favorablemente orientadas, nunca tuvieron mucho desarrollo. Lo mismo ocurre, y esto vino después de esa época fría, con las coladas de bloques y en todas las épocas también ha habido lluvias torrenciales, capaces de arrastrar miles de toneladas de roca hasta irla redondeando a base de golpes entre ellas.

Uno de los escasísimos tejos de la ladera sur del Alto Gredos

            Entre tanta preponderancia geológica, no puedo dejar de resaltar la buena vegetación y fauna de esta zona, aquí aparece una de las buitreras más altas de Europa a casi 2200m. apenas vimos un acebo y un tejo enriscados, pero en un valle tan largo y lleno de arroyos y vericuetos, seguro que hay de todo, como la buena población del muy escaso endemismo abulense Misopates rivas-martinezii que encontró el mejor conocedor de la flora de Ávila, Bernardo García Muñoz.

En este alto escalón rocoso se asienta, aislado, un acebo


            El sol de justicia que empieza a caer, ya pasado el mediodía es inmisericorde y mi compañero Toño, empieza a tener rozaduras en los pies. La retirada es rápida, pero al volver nos damos cuenta de todo lo que hemos andado que es más de lo que pensábamos; menos mal que al acabar nos pudimos zambullir en el oasis de una poza con un agua de las más bellas que he visto.


sábado, 30 de julio de 2016

Una Buena Fresneda Toledana



               La provincia de Toledo es tan rica y variada como la mayoría de las provincias españolas. Su superficie se puede dividir en función de sus suelos, aproximadamente la mitad son de naturaleza silícea, los situados al oeste y en los extremos norte (sierras del Piélago y estribaciones del Sistema Central) y sur (Montes de Toledo e incursiones silíceas en La Mancha), y los suelos manchegos de naturaleza básica, entre los que se incluyen los suelos yesíferos de la cuenca del Tajo.


               Los fresnos son unos árboles que se tienen por silicícolas, si bien son capaces de prosperar en suelos neutros, como son todos aquellos bien lavados por ríos y arroyos en regiones de suelos básicos dominantes, donde en general forman fresnedas conformadas también por otros árboles y arbustos no tan silicícolas, como los olmos. Ocasionalmente aparecen fresnedas en laderas umbrosas con humedad edáfica y, caso más raro aún, en laderas sobre yesos.

Una fresneda de ladera sobre yesos

               Dicho esto, el 90% de las fresnedas se localizan en el oeste provincial y el resto en la inmediata vecindad de rocas de naturaleza ácida, ya sea cuarcítica o granitoides de la meseta cristalina del sur de Toledo o también en suelos aluviales arenosos procedentes de áreas graníticas de las estribaciones del Sistema Central (ríos Guadarrama, Tiétar y Alberche). Fuera de estas áreas, apenas aparecen ejemplares aislados en los pocos arroyos de caudal algo digno, en algún momento del año, de la leve divisoria de aguas entre Tajo y Guadiana.

Fresneda con algunos rasgos termófilos (lentiscos) en el cercano Guadiana en Los Montes

               Son los “sotos”, hoy tenidos por fresnedas de vega, antaño bosque mixto, al menos en áreas bajas ya menos oligótrofas, de fresnos y olmos. En el norte ibérico, este término geográfico señala a los castañares de fondo de valle. Antaño zonas muy apreciadas por ser los agostaderos de la cabaña ganadera no transhumante (trasterminante), por tanto de alto valor y casi siempre, cuando no dehesas boyales del común, en manos de la nobleza para conseguir rentas de los ganados ajenos. Los distintos tramos del curso medio de los ríos pasaban a denominarse con dicho topónimo: Soto del Piul, soto de Viñuelas, soto Luzón, etc.., y en afluentes y arroyos menores, fueron los “sotillos”.


               La fresneda de la que voy a hablar aquí, es sumamente especial porque goza a nivel edáfico y por ende, a nivel botánico, de lo mejor de dos mundos. Es una mezcla poco común, y más para los tiempos que corren, de plantas silicícolas y basófilas en un mismo hábitat, tan abundante en agua que hace que no haya una preponderancia clara de una sobre otra, incluso llegan a aparecer algunas plantas de tendencia halófila.

Schoenus nigricans, un junco salino en medio de la fresneda

               Aparentemente todo lo que rodea a los arroyos que se reúnen en éste, es territorio cuarcítico, pero partes de terreno, constituidas por calizas marmorizadas y la inmediata vecindad de la planicie manchega, hacen que las aguas tengan carácter básico. Además el régimen climático, con sus ciclos de inundaciones y sequías de las áreas llanas que drena, hace que incluso estas aguas adquieran un leve contenido en sales.

Alysma plantago-aquatica, abundante en las aguas de la fresneda

               Esta gran área higrófila se da en un amplio valle en los extremos orientales de Montes de  Toledo. Se trata de un amplio valle donde confluyen varios arroyos de trazado meandriforme, dada la planitud de estas áreas. También aparecen aquí varios nacederos que crean otros tantos arroyuelos que se unen a los anteriores.

El enorme Senecio doria, antes abundante y ahora cada día más escaso

           Hace años el trazado y caudal de los arroyos principales era movible e intercambiable, formando casi una llanura de inundación, con lo que en el seno de este llano quedan cauces descolgados o abandonados, solo húmedos en épocas de lluvias, donde vuelven a renacer antiguas tablas con aguas sin apenas circulación.

Todo tipo de pequeñas áreas higrófilas distribuídas por el interior de la fresneda

               Toda esta área deprimida, cerrada frente a la boca o paso del Congosto, debió ser un enorme bosque tipo soto, de fresnos y olmos que con la desaparición de éstos a finales de los 80 y principios de los 90, y el “zarpazo” agrícola para cultivos en su interior, ha venido recortando esa antigua riqueza forestal hasta la que tenemos hoy en día, que aún sigue siendo espectacular y más para una provincia tan seca como la toledana

Un lirio de juncal entre el abundante Tetragonolobus maritimus

            Este amplio tramo del arroyo ha sido secularmente lugar ganadero, con una buena cabaña de todo tipo de especies que en las últimas décadas ha pasado a ser exclusivamente bovina, con una parte de reses de lidia y una creciente cantidad de bovino de carne.

Las orquídeas, como esta Orchis coryophora abundan en la fresneda

          La desaparición de las ovejas y el gran incremento del vacuno de carne, unido a los primeros “golpes” del cambio climático, ha hecho que cambien a peor, las condiciones que tiene que soportar la variada vegetación de este lugar.

Grandes cardales nitrófilos entran a competir con las especies más "nobles" y adaptadas

Se trata de un lugar histórico del antiguo camino de Toledo a Córdoba. Aún se mantiene en pie el castillo de las Guadalerzas, de construcción inicial árabe, pasó luego a la Orden de Calatrava, funcionando durante los belicosos años de la reconquista como Hospital de cuerpos y almas de monjes guerreros; posteriormente Felipe II vende el castillo al Cardenal Silíceo quien lo compra para instalar en su seno el Colegio de Doncellas Nobles de Toledo. Posteriormente el castillo se despobló y lo único que queda en la zona es la “cervantina” Venta de Juan de Dios.

Castillo de Guadalerzas tras la fresneda

En las crónicas de los viajes fundacionales de Santa Teresa, se llega a mencionar dicha fresneda: “a dos leguas del río Algodor, entre parajes desérticos, altos montes y una inmensa fresneda, se divisa el castillo de Guadalerzas junto al río Bracea” que en la fecha de su viaje era Calatravo. 


    Posteriormente, aprovechando esta gran distancia sin ninguna población del camino de Toledo a Andalucía, se instala la famosa venta. Llama la atención que la hoja topográfica 1:50.000 de Las Guadalerzas, sea de las pocas españolas en la que no aparece ni una sola población.

Aquí abunda el "inexistente" en Toledo Plantago media

   No existe ninguna localidad tan rica y completa en vegetación como ésta en todos los Montes de Toledo, y mira que hay fresnedas, pero esta goza de una amplitud y variedad como pocas.

De gran tamaño, la Stachys germanica subsp. lusitanica prospera en esta fresneda

     La mayoría de los ríos y arroyos de Montes de Toledo tienen un cauce en el que inicialmente colonizan saucedas atrocinéreas, luego, si el caudal es permanente o retiene agua en verano bajo los bloques del lecho, aparecen alisedas, aunque más abajo al abrirse los valles y aumentar la evaporación y la dispersión sub-superficial del agua, ya solo pueden subsistir las fresnedas, al igual que ocurre, lo normal en toda la región, en los cauces más intermintentes.

Mancha de ciperáceas rodeando a unos fresnos

       Cuando el régimen del río es aún más seco, desaparecen los fresnos para dejar paso a tarayales o más comúnmente tamujares (Flueggea tinctorea).

Hace pocos años que ya no encuentro el nenúfar blanco por aquí

     Conozco esta fresneda desde hace unos 25 años, nunca profundamente, pero lo suficiente como para haber visto en ella joyas botánicas que hoy en día ya no encuentro, y eso que son plantas tan llamativas como el nenúfar blanco Nymphea alba o el junco florido Butomus umbellatus, incluso, investigando, vi que se mencionaba hace tiempo por aquí una de las plantas más bellas y en peligro de toda la flora española, el “medio” nenúfar Hydrocharis morsus-ranae.

Hace muchos años que no he vuelto a encontrar al junco florido en esta fresneda

      No sé fehacientemente si se han extinguido, pero todo apunta a ello. Estas extinciones y la variación temporal de la vegetación, con un incremento constante, año a año, de la flora de tipo oportunista, ruderal o nitrófila, hacen que la increíble biodiversidad de esta localidad se esté reduciendo a ojos vista, haciendo peligrar una de las mejores localidades botánicas de todo el centro peninsular.


      Casi siempre he visto esta fresneda en primavera, pero no deja de ser impresionante en invierno, donde ramas y troncos de los fresnos se colorean de tonalidades anaranjadas de los líquenes que los cubren (Xanthoria parietina). Siempre que he parado, no he salido de mi asombro, aunque fuese lo mismo otra vez que el año anterior o dos años antes. El espectáculo de esas masas de lirios, de las orquídeas o de la vegetación higrófila, no me deja indiferente y más aún, siendo tan difícil encontrar localidades con una vegetación higrófila saludable por estos pagos manchegos.


Lirio español (Xiphion vulgare), alto, sin flor y de hojas estrechas, y lirio de junquera (Chamaeiris reichenbachiana), abajo con flor y hojas anchas

    En teoría, a nivel de vegetación, estamos en una fresneda caracterizada por Ranunculus ficaria, es decir, una fresneda mesomediterránea luso-extremadurense, diferente de otras fresnedas de cotas algo más altas como la fresneda con melojos, tan típica de las áreas frescas del Sistema Central.


Detalle de la  Dactylorhiza elata subsp. sesquipedalis

        Es una comunidad permanente riparia, la típica representación de soto o bosque galería de vegetación ligada al agua del subsuelo. En suelos más ricos en bases, pueden aparecer los fresnos, pero la alta presencia de olmos (al menos antaño) y la abundancia de álamos blancos y negros, hace que sea más una alameda, pobeda o chopera que una fresneda.

Retama loca, Osyris alba entre rosales al borde de un arroyo

Se trata de una fresneda muy rica en especies, compendiando flora de carácter higrófilo de todo el centro y oeste peninsular. Aquí no llegan como en otras fresnedas de Sierra Morena para el Sur o de los extremos sur-occidentales, la adelfa, el mirto o la zarzaparrilla. Los clásicos elementos silicícolas o neutros del centro peninsular son: Agrimonia eupatoria, Alysma plantago-aquatica, Apium nodiflorum, Arum italicum, Baldellia ranunculoides, Brachypodium sylvaticum, Cyperus longus, Galium verum, Filipendula vulgaris, Flueggea tinctorea, Lycopus europaeus, Lysimachia vulgaris, Lythrum salicaria, Mentha pulegium, Mentha aquatica, Phalaris arundinacea, Plantago media, Potentilla reptans, Prunella vulgaris, Oenanthe croccata, Ranunculus bulbosus subsp. alleae, Ranunculus ficaria, Thalictrum speciosissimum, Veronica anagallis-aquatica, etc.

La bella Ophrys apifera

Los elementos, entre otros, que diferencian a esta fresneda de las fresnedas silicícolas del oeste peninsular son: Achillea ageratum, Aegylops triuncialis, Aegylops ventricosa, Althaea officinalis, Bartsia trixago, Chamaeiris reichenbachiana, Centaurea cyanus, Cirsium pyrenaicum, Convolvulus lineatus, Lepidium heterophylum, Lepidium latifolium, Oenanthe lachenalii, Plantago marítima subsp. serpentina, Rhamnus alaternus, Senecio doria,  Stachys germanica subsp. lusitánica, Tetragonolobus maritimus, etc. Aparte también abundan numerosas especies que son indiferentes edáficos o propios de estos tipos de medios tan húmedos: como diferentes tipos de orquídeas, aunque faltan las Serapias; abundantes los lirios Limniris pseudacorus, Xiphion vulgare y Chamaeiris reichenbachiana, y muchas las especies de cárices, juncáceas y ciperáceas.

Achillea ageratum

      No me gusta señalar localidades interesantes, porque es exponerlas a que las visite más gente de la que debería o la menos adecuada, pero en este caso al menos llamar la atención de cómo, poco a poco, sin atentados ecológicos ni salvajadas, una buena localidad se va echando a perder poco a poco de una manera irreversible, lo que espero que finalmente no sea el caso.

Filipendula vulgaris

     Pero está claro que en este tipo de localidades es el manejo agropecuario y el control adecuado de las aguas quien determina el estado de salud del medio. Han desaparecido varias importantes joyas botánicas nacionales, no por su enorme escasez, que también, sino joyas por su enorme belleza. No se puede consentir que desaparezca ninguna especie más.

El tamujo solo aparece en las partes más secas de la fresneda

Mucho se puede deber a la dura climatólogía de los dos últimos años, pero si no ponemos los medios para atenuar estos problemas, de nada servirá lamentarse o imaginar cómo debió de ser esta localidad en su día. Yo lo sé y eso que hay cosas que se me han escapado, pero no permitamos que se nos escapen localidades tan valiosas como estas.


      No hace falta hacerlo Parque Natural ni imponer severas prohibiciones, el manejo del lugar ha sido el adecuado hasta hace dos días, es una cuestión de tacto y de saber qué es lo que se tiene entre las manos. Quizás una fresneda no sea algo tan emblemático como una lorera o un abedular, pero si vemos todo lo que encierra en su interior, sabremos que es una locura desperdiciar la oportunidad de conservar este lugar que ha podido llegar en su plenitud hasta nuestros días.



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